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domingo, julio 11, 2021

Crónica: MIRA Digital Arts Festival

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El festival MIRA Digital Arts Festival celebró su novena edición los días 5, 6, 7, 8 y 9 de noviembre en el recinto de la Fabra i Coats – Fàbrica de creació. Cada año que pasa, el festival está más y más consolidado en la ciudad de Barcelona y, sobre todo, dentro del barrio de Sant Andreu, siendo este año el que más afluencia de público ha tenido.

Su éxito se debe, entre otras cosas, al hecho de realizarse fuera del circuito clásico de festivales de verano, al recinto en el que se celebra (por cierto, este será el último año que se celebra en la Fabra), al hecho de rodearse de instalaciones artísticas a lo largo y ancho de la fábrica, o su capacidad de atraer un público muy concreto. Pero, por supuesto, su punto fuerte radica en el cartel y en los artistas que trae cada año.

 

El jueves fue un día breve, pero muy intenso. Al entrar en el festival pasé por la Main Room para ver a Ossia, con su propuesta de electrónica industrial y ambient. Bastante potencia, pero nada nuevo bajo el sol. Subí a la exposición que había preparado Carlos Sáez, Dualmismo, para el festival, y cuál fue mi sorpresa al encontrarme al mismísimo ARCA realizando una performance al piano. TREMENDO.

Sin embargo, lo mejor llego con Floating Points, con el escenario lleno hasta los topes y unos visuales increíbles a cargo de Hamill Industries. Durante una hora y poco, Sam Shepard presentó su nuevo álbum, Crush, y no dio un momento de respiro, demostrando porqué es uno de los grandes nombres de la electrónica actual. Para el que esto escribe, lo mejor del festival.

 

El viernes el festival arrancó con Marina Herlop que hizo un concierto realmente interesante con altas dosis de experimentación. Alessandro Cortini, quien toca en directo el teclado con los Nine Inch Nails, realizó un concierto de órdago, a base de una mezcla de agobiantes atmósferas y melodías sacadas del mejor synth pop ochentero.

Smerz sorprendió con su dance electrónico con toques de R&B, Perera Elshewere presentó un show en el que mezclaba soul y grime y Roly Porter, icono del ambient más oscuro, hizo un concierto acompañado de la cantante Mary-Anne Roberts que, si bien estaba perfectamente ejecutado (con unos visuales que acompañaban mucho) llegó a pecar en muchos momentos de aburrido.

El “cabeza de cartel” de esta segunda noche era Clark. Repasó todos sus grandes temas a lo largo de una hora y media de techno con mucho bombo, pero en muchos momentos se perdía en interludios que cortaban la sesión. Podría haber estado mejor.

Los que sí que sorprendieron mucho fueron Giant Swan con su mezcla de techno industrial y actitud punk. Junto a la sesión final de Skee Mask, lo más recomendable de la jornada.

 

El sábado Insanlar comenzaron con su electrónica y música tradicional turca bastante calmados, y Biosphere les siguió rebajando aún más los BPMs con una sesión de ambient más que necesaria. Curl, con Mica Levi y Coby Sey entre sus filas, realizaron un show que tiraba más hacia el concierto de banda de post-punk destartalada que hacia la electrónica que se espera en el festival. Aun así, un concierto buenísimo.

700 Bliss, o lo que es lo mismo, Moor Mother y DJ Haram, fueron la expresión más cercana a la “música urbana” del festival, una propuesta interesante, pero que adoleció por falta de agilidad a lo largo del concierto. A continuación, Vessel hizo un live excelente y, sin lugar a dudas, Blanck Mass fue lo mejor de la noche. Aquello fue un chorro constante de electrónica agresiva directa a los asistentes difícil de olvidar, que posicionan a Benjamin John Power al mismo nivel que su banda madre, Fuck Buttons. Increíble.

 

En resumen, este año, y como todos los demás, el MIRA se ha posicionado como un festival tremendamente vanguardista, tanto en su apartado visual, como en lo musical, demostrando cuan necesario es un festival de este tipo. Ya esperamos con ansias la edición del 2020.

Texto: Álvaro Rebollar

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REDACCIÓNhttps://www.lagramoladekeith.com
Redacción, La Gramola de Keith.
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