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Los sitios grandes le dan respeto a Zahara, pero sabemos de primera mano que no las aventuras. Por ello, cuando su mánager le dijo que el colofón final de la etapa de Santa sería en La Riviera, los nervios recorrían su cuerpo pero no dudó en dar el “sí quiero”. E hizo bien y, en efecto, La Riviera se llenó, algo esperado teniendo en cuenta que la noche anterior, tras la segunda ronda del #SantísimaTrinidadTour en la Galileo Galilei, quedaban por vender 400 de las 1200 entradas; una cifra más que buena teniendo en cuenta que iba a ser “la primera Riviera” de Zahara.

Hora y media fue el tiempo que tenía los feligreses de esta Santa para coger sitio en la sala madrileña. A las 19:30h abrían puertas, pero antes de las 18:00h alrededor de 30 personas ya esperaban ansiosas bajo el chirimiri y el frío de Madrid. Poco a poco la sala se fue llenando y para el arranque ya habíamos entrado todos en calor.

El repertorio del concierto no fue distinto al que se había visto en anteriores ocasiones. Todo Santa, a falta de Inmaculada Decepción y la segunda parte de Int. Noche; intercalado con los temas más bailables de La Fabulosa historia de… La Pareja Tóxica, dejando espacio también para alguna pieza de bajona. Sin embargo, esto no significó que el show se hiciera monótono, ya que como Zahara ya había prometido hubo sorpresas.

Estas vinieron de la mano de colaboraciones de amigos. Los primeros en hacer su aparición fueron Martí Perarnau, Miguel de Lucas y Víctor Cabezuelo, quienes fueron su banda durante la primera pierna de la Gira Santa y por ello Zahara quería que estuvieran en la gran despedida. El cuarteto original le hicieron su famoso “sandwich de sintetizadores” poniendo a punto LA Gracia Dónde habitan los monstruos y Perarnau sustituyó —con mucho nivel— a Ricky Falkner en General Sherman y cómo Sam Bell volvió de La Luna al tiempo que los pájaros de LPT se proyectaban en la pantalla. Pero, aunque no todo el público lo vivió por igual, el aporte de los Mucho que más hizo bailar a la anfitriona fue el que “dejó en ruinas” La Riviera al interpretar a dúo Nuevas Ruinas de los madrileños.

Zahara: “estaba buscando banda para Santa y Álvaro de Miss Caffeina me dijo que por qué no hablaba con los Mucho. Fue cuestión de, no sé, un par de llamadas”
Martí Perarnau: “hemos venido a despedir a la mejor amiga y jefa que se puede tener”

El tercer dúo y segunda sorpresa de la noche la protagonizó Miguel Rivera. Tal y como sucedió en la despedida de 2015 en la Sala BUT, sabíamos que un amigo/a subiría a cantar. Las apuestas estaban entre Quique González, Iván Ferreiro, Alberto Jiménez o el ya citado; y fue finalmente el vocalista de Maga el elegido. Así, se repitió el “mano a mano” que se dio en La Joy Eslava el pasado 2 de marzo en el concierto de Maga con amigos por la reedición de Maga (álbum blanco), aunque en esta ocasión la canción escogida fue Piedraluna. Además, también compartieron Hágase su voluntad. Sería pecado no decir que Rivera al principio tambaleó con la letra, pero también lo sería negar que finalmente acabó haciéndola suya y a cada estribillo que levantaba la mano como si de un sacerdote se tratara, todo el público lo seguía con energía.

Energía fue también la que se desprendió durante El Deshielo, por parte de intérpretes y oyentes a la par. Zahara siempre pide a su público que cante en este tema —como si fuera algo que este no hiciera ya, aunque su silencio hubiera sido de agradecer en los momentos de bajona como El Frío, Photofinish o Donde viene a morir el amor—, pero todas las características que hacían especial este concierto tuvieron un efecto sobre este momento y lo convirtieron en único. Ver a una sala de las dimensiones de La Riviera corear a un artista y vocear en los versos en los que Zahara le dejó ser la protagonista será difícil de olvidar para quienes lo vivieron.

Y aunque parecía que con esta fusión ya se había agotado toda la energía, aún quedaban julios para una más; y Caída Libre se los llevó. Más de 20 personas se agolparon en el escenario para decir el adiós definitivo a Santa: su banda actual, compuesta por Ramiro Nieto, Manuel Cabezalí, Edu Martínez y Miquel Sospedra (en sustitución de Chapo González); los Mucho, algunas de las estrellas del videoclip Caída Libre y su director William Warrior; y, sin duda, porque después de muchos intentos era el día idóneo para que se diera y porque ella mola mil, la aclamada Yola Berrocal.

Tras cientos de vítores, el clásico saludo en grupo mientras sonaba Like a Virgin de Madonna y una Zahara, eufórica, bailando por toda la pista en solitario al ritmo Torturas en los bares de Trepàt, se apagaron los focos. La música cesó y solamente se oían aplausos y gritos como “grande rubia”, “esa Santa” o “qué bonica eres”; el concierto había terminado y con él una etapa de dos años desde aquel 21 de abril de 2015, un martes en el que Santa descendió hasta nuestros oídos y Zahara agarró con los dedos el cielo del indie-pop nacional para formar parte de su historia y no abandonarlo jamás.

*Imágenes de Marina Kaysen (portada) y Cristina Ralero (galería)

 

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