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Tres años han tenido que pasar para que los madrileños Rufus T. Firefly nos cautiven con un nuevo trabajo de estudio, el cuarto más concretamente. Magnolia (LagoNaranja 2017), que así se llama su nuevo LP que sale a la venta el próximo 20 de enero, sucede a Nueve (LagoNaranja 2014). Magnolia que ya trae una significativa diferencia respecto al anterior y es que el pasado 2016, a través de las redes sociales, se anunciaba que la bajista Sara Oliveira abandonaba la banda.

Mi primera reacción cuando recibo Magnolia, días antes de que este vea la luz, es ver toda el personal que lleva detrás este trabajo. A los integrantes de Rufus T. Firefly, Víctor Cabezuelo (guitarra eléctrica, sintes, rodhes, piano, arpegiadores y voz), Julia Martín-Maestro (batería, percusión, electrónica), Carlos Campos (guitarra eléctrica y efectos) Miguel de Lucas (bajo y moog) se les une a la producción Manuel Cabezalí (guitarra eléctrica) Martí Perarnau IV (sintes y programaciones) Rodrigo Cominero (teclados y coros). Grabado por Dany Richter en El Lado Izquierdo y por Víctor Cabezuelo en el Lago Naranja   mezclado por  Manuel Cabezalí. Las ilustraciones de la portada y otras que obsequiaban a los más rápidos corrían a cargo de la baterista de la banda  Julia Martín- Maestro y la fotografía, maquetación y diseño es obra de Iris Banegas (Lázaro).

Sigo observando el disco antes del unboxing y veo que de las 10 canciones que lo componen, todas ellas comprenden entre cuatro y cinco minutos de duración a excepción de la que la cierra, Magnolia, que da nombre al disco y dura ocho minutos.

Con todos estos aditivos me dispongo a degustar tan dulce caramelo bajando la luz de la habitación, habitación que se teñía de un tono lúgubre, sentado en un sillón, cual malvado personaje de serie B acaricia su inseparable felino, enciendo mi reproductor musical y me dispongo a percibir todo aquello que el cuarteto madrileño nos pretende hacer sentir con Magnolia.

Tsukamori, track que da la bienvenida a este viaje empieza con una melodía de sintes, de corte casi ochentero, donde un Victor Cabezuelo realiza un canto melancólico con símiles medioambientales que contiene una parte final in crescendo. De repente un riff familiar se presentaba ante mí, Rio Wolf, canción que ya habíamos podido disfrutar semanas atrás después de que el grupo decidiera colgarla como adelanto. Aguas del propio río sirvieron como fuente de inspiración a través de la historia de como Jeff Buckley desapareció nadando en el Río Wolf mientras interpretaba junto a su road manager Whole Lotta Love de Led Zeppelin.

Una épica melodía la de Pulp Fiction, que resuena desde el principio hace que sea una de las más deseadas en escuchar en directo. “Algo de esperanza entre esta indistinguible oscuridad” en la música actual es lo que me contagian con lo que llevo escuchando. Toda esa vehemencia que se había adueñado de mí, se ve perfectamente apaciguada con Espectro. El siguiente corte, Cisne Negro, es el toque de distinción a lo que llevaba escuchando. ¿Pareidolía que hayan decidido bautizarla así? Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Ecuador de Magnolia, ¿ya?, si. ··O·· con una línea de bajo que te marca el movimiento de cadera para trasladarte a Última noche en la Tierra, donde empiezo a percatarme que en esta segunda parte del disco los sintes no tienen una presencia tan importante. Escuchando El Halcón Milenario hago caso a esa voz que desde los altavoces me susurra “ven conmigo hay un camino más allá de este desierto” y embelesado por todo lo obsequiado hasta el momento me subo a su nave para atravesar la Nebulosa Jade (todo queda en casa) donde aflora el romanticismo hacia “esa guerrera que me saca del túnel”.  Y llego al track homónimo del LP, para finalizar el viaje psicodélico surfeando sobre la línea del bajo durante más de ocho minutos.

Y así acabo la escucha, enciendo la luz, me levanto del sillón, me miro al espejo y al frente me encuentro con los ojos dilatados a lo que solo puedo añadir “¡Guau!”.  Al poco me escribe el director de esta santa casa preguntándome que tal Magnolia a lo que, con aún el éxtasis recorriendo mis venas, contesto con un claro y conciso “engancha”. Y es que eso es este nuevo trabajo de Rufus T. Firefly, una salutífera droga que modifica tus percepciones, que con cada ‘metida‘ encuentras nuevos matices que te trasladan a diferentes momentos y/o espacios. Un viaje lisérgico perfectamente estructurado, que te mantiene en tensión cuando debe y te apacigua para que no se haga muy intenso. En definitiva, un cúmulo de sensaciones a cargo de Rufus T. Firefly mientras deshojas una a una las canciones de Magnolia.

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