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Y amanecía sábado, se presentía el día más álgido de los tres que componían el cartel del Valencia Beach Festival. Como si nos hubiéramos encarnado en el mismísimo Sandro Rey, erramos, y de que manera. Todos los alicientes en forma de grupos hacían prever una mayor afluencia de público y es que juntar en unas pocas horas grupos como Red Buffalo, Crudo Pimento, Betunizer, Chucho y Guadalaupe Plata era ir a tiro seguro.

Pues bien, la tarde no empezaba nada halagüeña con un grupo como Red Buffalo, de renombre en la escena valenciana, con un contundente rock, ejecutado a la perfección apenas pudiera reunir a un centenar (siendo generosos) frente al stage del Veles e Vents. Los privilegiados que allí nos encontrábamos, iniciábamos nuestro particular jornada de reflexión escuchando Little rich girl como tema de apertura. Una vez calentadas las muñecas y con las gargantas un poco más secas, ayudadas por el calor de la tarde, les sucedieron canciones como The long Goodbye o Mustang. Se acercaba el final del show, y su frontman tras pedir en repetidas ocasiones que le acercasen unas cervezas, se empezaron a acercar curiosos que asentían, dando su beneplácito a canciones como Oklahoma Feather, que personalmente fue la que más me gusto, fue en la que se dejaron llevar.

Red Buffalo
Red Buffalo
Red Buffalo
Red Buffalo

 Con parte de la carne en el asador era necesario sazonar la tarde con un poco de Crudo Pimento (Badum Tss!). Si uno no los conoce, no es de extrañar que se te quede cara perpleja al ver la peculiaridad de los instrumentos. Unos de ellos al más puro estilo eco-friendly o DIY, con cacharros de cocina (ollas principalmente), pinzas de tender y recipientes de pimentón picante. Después estan los instrumentos modificados, por no decir recortados, masacrados y arañados a conciencia. A más de un puritano instrumental le sangrarían los ojos. Pero así son ellos, una bizarrada vista desde fuera, una jugada arriesgada a la par que genuina. Con canciones como Me mataron el Gallo brota una mezcla entre el blues americano y el rock. ¿Cómo dejarte con el culo ‘torcio‘? Rizando el rizo al final de su repertorio, arrancándose en una especie de fandango junto a ritmos aborígenes con el tema Me mataron el Gallo. Toda una faltada, en el buen sentido.

Crudo Pimento
Crudo Pimento
Crudo Pimento
Crudo Pimento

De vuelta al panorama valenciano, el trio de Betunizer llegó al edificio marítimo de Veles e Vents. Ante la mirada de los cada vez más nombrosos asistentes, empezaron a desgranar su ruidoso repertorio de garaje acompañado de la típica desgarradora voz de José Guerrero.  Letras afiladas y alocadas con canciones como Camilo José Shellac o Imagina que matas a Jota inundaban la noche bajo los primeros atisbos de la tenue Luna valenciana. Si en la noche del viernes cualquier tiempo pasado fue mejor (con Buzzcocks), en la jornada del sábado no se iba a dar la nota discordante. Chucho, una banda surgida tras la ruptura a mediados de los noventa del grupo Surfin’ Bichos, fueron los que más público aglutinaron frente al escenario. Canciones indies de los 90’s, del indie que se proclama como verdadero, fueron del gozo de varias generaciones, de las que lo vivieron in situ y de la generación ‘veintemáxima‘ (que diría alguien que yo me sé) que está próxima a la treintena. Y es que la media de edad de los asistentes a este festival posiblemente ronde los 30 años. Pues eso, que después de casi 10 años de inactividad y poco más de 2 que llevan desde su vuelta, a muchos les apetecía devorar las letras, con alguna lagrimilla de emoción, de canciones como Magic y Perruzo.

Betunizer
Betunizer
Chucho
Chucho

Bien entrada la madrugada y bajo unos intensísimos focos rojos, Guadalupe Plata, un trio formado por Pedro de Dios (voz y guitarra), Carlos Jimena (batería) y Paco Luis Martos (bajo) daban el pistoletazo de salida para el cierre del segundo día del Valencia Beach Festival. Hacia pocos meses ya estuvieron en la capital del Túria durante dos días seguidos en una conocida sala, llenándola ambos, con motivo de presentación de su último LP. ¡Que directazo tienen los de Úbeda! Qué sincronía, que punch tienen, no vacilaron en dar desde el minuto cero todo. Esa guitarra de Pedro escupía veneno, parecía estar tan poseído que a más de uno le dio por bendecir su cerveza y salpicarle una gotas para practicarle un exorcismo. Mejor manera de terminar la noche no podía haberla. Primero con Rata y después con Calle 24, coreada por los allí asistentes fue el broche perfecto para dar por zanjada la jornada. Iluso de mí, una vez los componentes fuera del escenario, todos (y remarco todos) pidieron de manera incesante un bis, la última, embriagados por su música. Y lo consiguieron, los vítores los ensalzaron sobre el escenario por última vez esa noche.

Guadalupe Plata
Guadalupe Plata
Guadalupe Plata
Guadalupe Plata

 

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