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Tengo que reconocer que no estoy muy bien de la cabeza y que, además, al empezar una crónica así me convierto en carne de cañón de críticas. Pero esto no supone una excusa, sino todo lo contrario: admito que no estoy bien de la cabeza y ya está.

La cuestión es que tengo un trabajo que muy pocas veces me deja asistir a festivales (por no decir que una vez al año sólo). Es por esto que cuando se alinean los astros y algún político declara una cuenta opaca aquí en España que tiene desde hace 20 años en Suiza (el mundialmente e irónicamente conocido como “repatriación de capital”) yo, como autónomo sin cerebro, acudo a un festival.

Pero todo esto importa poco y sólo sirve para justificarme en casa y decirle a mi mujer: “¿Ves como si que estoy escribiendo?”.

La cosa es que llego al viernes con un cansancio de un par de narices de la jornada del Pro del día anterior. Son las 4 y pico de la tarde y estoy cruzando el puente de ese arquitecto que es muy famoso en todo el mundo pero hace cosas futuristas que se caen. Mientras voy andando veo el Ágora a mi izquierda y pienso que al fin se le está dando un uso a todo esto. Aunque sea como marco. El sol pega durísimo. Escucho a Ángel Stanich desde arriba del puente. Se me arrima un tipo encapuchado y con gafas de sol y me dice por lo bajini: “Llegas tarde, amigo”. “Lo sé”, le respondo y continúo con un “¿no te asas de calor?”. Pero él levanta los hombros como un gesto de no importarle mucho.

Cuando llego a la puerta y me cachean me doy cuenta que el tipo sigue a mi lado.

  • ¿Vas a ver a Stanich?, me pregunta
  • Si, un poco. Tengo que escribir sobre él.
  • Ah, claro. Pues parece ser que no hay mucha gente.
  • Si, eso parece- le digo.

Y tiene razón. Tendría que estar prohibido salir de casa a estas horas y más en Valencia.

  • Mucha Ciudad de las Ciencias pero ni un techito.
Ángel Stanich en el escenario Coolway
Ángel Stanich en el escenario Coolway

De nuevo tiene razón. “Habrá que sufrir”, pienso para mi. A todos les gusta Stanich. Tiene garra y sabe mover a la gente. A medida que pasa el concierto se van acercando más valientes. Pero yo estoy al borde de una insolación y decido irme al principal porque va a tocar Manel.

  •  ¿Y Manel te gusta?- me pregunta el tipo.
  • Bueno…
  • No está mal.
  • Ya. Pero no sé, tengo que admitir que este año no me llama nada el cartel.
  • ¿Y para qué has venido entonces?
Manel en el escenario Negrita.
Manel en el escenario Negrita.

Mientras pienso en los por qués escucho los primeros acordes de los catalanes y recuerdo que tengo que sacar fotos. Además de estar mal de la cabeza tengo el handicap de no saber hacer dos cosas a la vez. Mientras saco fotos en el foso muevo el pie siguiendo el ritmo. “Pues no está mal”, concluyo cuando guardo la cámara en el bolso. Son elegantes, son compactos. Alguien me decía que les faltaba chicha. Puede ser, si. Pero si a las 19hs y con este sol nos ponen a alguien que haga saltar a la gente se muere más de uno.

Neuman en el escenario Coolway.
Neuman en el escenario Coolway.

Antes de que acabe el concierto voy corriendo al escenario Coolway (el mediano, vaya) a ver a Neuman. Pillo un poco de prueba de sonido y me sorprende, a priori, el despliegue: 5 guitarras, batería y un piano de pared. Tengo que admitir que los tríos me atraen (guiño) pero a la vez me dan miedo. El caso es que Neuman sale al escenario, coge la guitarra, comienza el concierto y se va cualquier duda que pudiera tener en la cabeza. Es un pedazo de músico, tiene unos acompañantes brutales y, además, le rodea un halo de experiencia que atrae miradas como un imán. El problema es que no le acompañó el sonido, cosa que por suerte, no volvió a pasar en el resto de conciertos a los que asistí.

El encapuchado me dice:

  •  Tio, acabo de descubrir que regalan Kaikus en ese stand.
  • Si, a mi casi me atropella un carrito lleno de ellos.
  • Al menos morirías fresquito.
  • Si, jaja.

En realidad no me hace gracia, pero me parece descortés no reírme.

Voy al escenario Negrita, al principal, a ver a The Dandy Warhols mientras me pregunto por qué alguien llamaría a esa banda para un festi hoy en día.

The Dandy Warhols en el escenario principal
The Dandy Warhols en el escenario principal
  •  A mi me están aburriendo.
  • Si, a mi también.
  • ¿Esperamos a que toquen “Bohemian like you”?
  • No.

En el escenario Kaiku toca Senior i el Cor Brutal y ¡esto si, coño! Tenía que llegar la banda de Landete a resurgir como un volcán ese sinsentido de escenario acuático. Entre su música, el ver a la gente saltar el foso negro para acercarse al escenario y ver que la asistencia al concierto es muy respetable (creo no haberlo visto más lleno en todo el festi) vivo un momento de alegría necesaria.

Senior i El Cor Brutal en el escenario Kaiku
Senior i El Cor Brutal en el escenario Kaiku

Luego me encuentro con unos amigos y escucho el concierto de Carlos Sadness desde lejos. La cantidad de público es acojonante para ser el escenario mediano y la entrega del mismo roza el éxtasis. Dirán todo lo que quieran de él y de Izal y de toda esa gente, pero tienen algo que atrae al público. Por eso no puedo juzgar un concierto de un músico que no me gusta particularmente basándome cien por cien en mi criterio. La gente lo dio todo y él sabe hacer que la gente lo dé todo. Fin.

Carlos Sadness en el escenario Coolway.
Carlos Sadness en el escenario Coolway.

Me acerco después de unas cervezas al principal y flipo con el despliegue: el grupo de Santi Balmes, ataviado con un sombrero de copa con una luz en el medio, sale al escenario y la gente se vuelve loca. El espectáculo visual es de lo mejor del festival: luces, luces y más luces. A mi lado unos chicos hablan y él le dice a ella: “¿Esta gente…va a seguir chupando del bote mucho tiempo más?”. Resulta que tiene una banda y considera a Love of Lesbian unos dinosaurios. Me acuerdo de Charly García y me río yo sólo. Love of Lesbian suenan bien, claro, y hacen un buen concierto. Punto.

LOL en el escenario principal del Festival de Les Arts.
LOL en el escenario principal del Festival de Les Arts.

Pero para buen concierto el de The Strypes y la madre que los parió. Mientras los veo tocar intento no atragantarme con una mezcla de bilis y saliva a la vez que me planteo dejarme la música. Porque estos irlandeses son asquerosamente jóvenes y suenan TAN bien y desprenden TANTA energía que pueden contagiar y convencer a cualquiera. Y ahí es cuando bailo (si bailar define lo que hago: levantar el pie una y otra vez mientras muevo la cabeza como un perro cabezón de esos que se ponen en los coches) y salto y me digo: “ale, se acabó el día de hoy para tí, campeón”.

The Strypes en el escenario Coolway.
The Strypes en el escenario Coolway.

Tengo agujetas, estoy cansado y he pasado mucho calor. He visto bandas que no me han gustado y un tipo encapuchado me persigue diciéndome: “es que claro, si no te gustan las bandas, ¿para qué cuernos vienes?”.

  • Porque amo la música- le grito.

Se rie en mi cara y se va. Cojo un Valenbisi y pienso que me vendría de puta madre que me atropellara un carrito de Kaiku y me llevara a casa.

  •  Al menos irías fresquito- me grita.

Y tanto.


Todas las imágenes son de Dupláa fotografía menos la de LOL que es de Vicent Orón.

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