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Mientras caminaba sobre el asfalto a paso ligero, no dejaba de pensar en lo que me esperaba. Hacía mucho tiempo que no me ilusionaba tanto asistir a un concierto. Aunque desde sus comienzos me convertí en un fan incondicional, por circunstancias, nunca había podido disfrutar de Marlango en directo.  Lo cierto es que esa tarde parecía una niña con zapatos nuevos, si, sé que es un dicho muy asiduo y nada original a estas alturas, pero lo describe a la perfección. Marlango  me atrapó  sin reservas desde el primer sonido que llegó a mis oídos y me rendí sin remedio al escuchar la personal  y sensual  voz de Leonor Watling. Su primer disco me pareció una apuesta original y nada convencional, algo que me sorprendió y entusiasmó.

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Cuando llegué, la terraza de El Corte Inglés estaba ya casi al completo. Faltaba muy poco para comenzar suponía, pero aún comenzaron a llegar los últimos rezagados a la fiesta. El público era variado, de distintas edades, algo que me alegró. Da gusto que nuevas generaciones abran sus oídos para escuchar música de lo que generalmente es lo habitual por su ambiente u otras circunstancias. De repente mientras mi cabeza estaba en otros mundos, se abrió la puerta acristalada y llegó Alejandro Pelayo, con paso firme hacia el escenario y su piano, abriéndose paso entre la gente con toda naturalidad. La sencillez tanto en el vestir como en sus palabras y su humildad (es mi percepción, claro) lo engrandecen, porque Alejandro Pelayo habló en algunos momentos de la actuación con enorme naturalidad contándonos y dejándonos ver quién es. A los pocos minutos, de la mano del supongo tour manager, apareció Leonor Watling, iba vestida con unos vaqueros, camiseta, botas y su pelo recogido con una cola de caballo. Preciosa. No le hacía falta nada más, estaba perfecta.

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El concierto comenzó con dos temas propios a lo que precedió una versión. “Dame la razón” que hizo la delicia de los más jóvenes, que canturreaban junto con Leonor. Durante todo el concierto fueron intercalando temas suyos con versiones de canciones que interpretan completamente a su estilo y procurando dar esa personalidad propia que tiene Marlango. La versión más vitoreada fue “Creep”. También pudimos disfrutar de “Via con me” “Vete” “Pena penita pena”, entre otras. “Pequeño Vals”, “Hold me tight” ,“Maybe”, “Enjoy de ride”, “Shake the moon”. “Si yo fuera otra” o “Dinero”  fueron algunos de sus temas propios elegidos para hacernos disfrutar de la noche, de su música y de su compañía, y nosotros, por supuesto, encantados. Llegando al final Alejandro nos presentó “Petalo de sal” una canción de Fito Paez de la cual nos confesó que está totalmente un enamorado. Se despidieron para mi sorpresa con una versión de una grandísima canción  “El último trago” y la última elegida fue “Lo que sueñas vuela”, que por cierto, para los que no lo sepan, su videoclip fue el estreno como directora de Leonor Watling junto a Rómulo Aguillaume

En definitiva y para terminar, deciros, que fue un concierto magnifico y que pese a la desnudez de un piano y una voz a solas, que podría en algunas ocasiones desmerecer o decepcionar en un concierto, éste, no fue el caso. Para mí, fue un placer escuchar las canciones desnudas tal cual nacieron y creo que todos los presentes tuvieron la misma sensación que yo. Así que, si tienes la oportunidad de poder ir a uno de los conciertos de Marlango, no lo dudes.

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