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jueves, diciembre 2, 2021

Sierra Leona convirtió una guerra en magia.

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Lo de anoche en la Sala Jerusalem fue de esas cosas que no olvidaré y si lo olvido será porque la vida ha sido injusta conmigo y ha decidido vaciar de emociones cada rincón de mi cuerpo. Porque el recuerdo del debut de Sierra Leona entra directamente a formar parte de los recuerdos que guardo en el corazón, esos que hacen que se te erice la piel cuando los traes de vuelta, esos que se anclan profundo, fuerte. Porque, en ese escenario, una bestia y cuatro escuderos nos cantaron una guerra y desde bajo solo podíamos suspirar y esforzarnos por contener las lágrimas.


Empezó la noche de la mano de Elena Játiva. Ella, agradecida, aprovechó la oportunidad como pocos y llenó el ambiente de la sala de una dulzura mágica, sus letras, su ritmo, ella y su guitarra consiguieron hacernos callar y todos, expectantes, la disfrutamos sin prejuicios, disfrutamos de la magia de su sencillez y de la dulzura de esa voz que nos cantaba con una timidez hipnótica sus propias canciones. Y así, con unas luces azules, en una sala en silencio, Elena dio paso a Ainoa y su nuevo proyecto Sierra Leona.


Saltaron sobre el escenario, Ainoa con los nervios a flor de piel, y ellos, sus escuderos, llenos de energía para envolverla de fuerza. Así arrancó el nuevo proyecto, con David Gonzalez al teclado, llenando de vida esas letras que lloran una pérdida, David que, entre sintes, consigue que podamos bailar una guerra. Y mientras, Ainoa arranca subiendo a lo más alto esa voz única, hecha de fuerza y dolor, y nos lanza a la cara ese irónico “puedes quedarte en mi vida para siempre…todavía” mientras Tono y Toni la escoltan rasgando sus cuerdas, arropando a su bestia. Y, en el fondo, Víctor marca el ritmo a golpe de baqueta, el ritmo al que este ejercito debe avanzar esta noche para Cruzar un río, para cantar una guerra. Son un grupo, se miran, se sonríen, se acercan y separan a cada nota y desde bajo se intuyen las horas de trabajo, de estudio, de ensayo, el esfuerzo increíble que este álbum ha supuesto. Y lo están disfrutando tanto que nos contagian.
Y de repente, nos dan el primer regalo de la noche y nos cantan una de esas que ha acabado fuera del disco “Desaparecer” y yo me vuelvo del revés porque disfruto de otra primera vez con Sierra Leona, otro flechazo, porque lanzan desde ese escenario una canción tan llena de vida que vuelvo a caer rendida a sus pies. Todo a nuestro alrededor son guitarras, bajos, sintes, ruido, ruido del bueno del que no te deja pensar, del que solo puedes disfrutar. Y de repente, solos en el escenario Ainoa y Toni, cara a cara, para contarnos su “Ruinas”. Y un nudo aprieta mi garganta y noto como las lagrimas acuden a mis ojos, porque ese himno, ese que me ha convertido en fan absoluta de Ainoa, crece hasta límites insospechados, porque la sala permanece en silencio mientras algunos apretamos los dientes para no derrumbarnos y sí, ella lo canta desgarrada mientas la guitarra de Toni acompaña ese llanto, mientras hace sonar esa verdad como la única verdad “Ruinas, encubiertas cada día, omitidas para no rompernos”


Todo lo que os cuente de esa noche en la Jesuralem será poco, nada hará justicia a todo lo que nos regalaron los cinco desde arriba, nos hicieron emocionarnos con cada una de las canciones de “Cruzar un río”, nos sorprendieron con “Desaparecer” y ese peculiar y rockero guiño a La Jurado. Nos cantaron una guerra que todos alguna vez hemos vivido. Pero, sobre todo, nos conquistaron a todos los que tuvimos la suerte de estar ahí, porque si algo vivimos anoche fue un debut inolvidable, el regalo de cinco almas que se desnudaron para contarnos que una vez, cuando estaban viviendo un buen momento, el dolor lo atravesó todo, ese dolor que el tiempo ha convertido en aprendizaje y Sierra Leona en magia, en magia que te puedes llevar a casa en forma de CD, en magia que puedes disfrutar cada puñetero día porque, a pesar de todo, estas vivo, hecho de recuerdos, aprendizajes y rock and roll.


Trini Calás

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Trini Calas
Si volviera a nacer sería un bebé. Amante de la música, los libros, la cerveza y los amigos. Poco más que añadir, afortunadamente mi biografía sigue en construcción...
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