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viernes, septiembre 17, 2021

Russian Red, mágica, hipnótica y magnética en Las Noches del Botánico

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Russian Red regresó a Madrid el pasado miércoles 31 de julio en una noche en la que que desprendió magnetismo con una puesta en escena multidisciplinar.

Cuando me he sentado delante del ordenador a pensar en cómo describir lo que viví la noche del 31 de julio en Las Noches del Botánico con Russian Red, he tenido que parar cinco minutos para ordenar todas las emociones que se han agolpado en mi cabeza. No hay nada mejor que salir de un concierto sabiendo que no vas a olvidar esa noche jamás.

Nadie en el Real Jardín Botánico Alfonso XIII estaba preparado para lo que iba a ocurrir sobre ese escenario durante tres horas de música. Poco más tarde de las 21:00h, Rufus T Firefly saltaron al escenario para ofrecernos la primera remesa de la noche y dejar el listón altísimo a la anfitriona.

Julia de Rufus T Firefly en las Noches del Botánico /// David Left

Interrumpidos por una tormenta de 15 minutos pero incorruptos, la banda repasó once canciones ajenas que han marcado su trayectoria. Escoger temas no cliché de bandas como Blur o Los Beatles o versionar a Tame Impala —haciendo un guiño a su propia canción Un Breve e Insignificante Momento de la Historia de la Humanidad— fue una jugada magnífica que remataron con las dos colaboraciones que incluyeron en su show: un homenaje a las Warpaint con Anni B Sweet a la voz principal de New Song y la asistencia de Jero Romero para versionar Copenaghe de Vetusta Morla. Piel de gallina —y no por el frío—, caras de asombro, lágrimas y aplausos ensordecedores cerraron la actuación de los madrileños.

Víctor de Rufus T Firefly en las Noches del Botánico /// David Left

El éxtasis alcanzado por el público con este final amenizó la espera hasta el arranque de la actuación de Russian Red. Mientras afinaban los últimos detalles de la escenografía, el show de Lourdes Hernández comenzaba en la pantalla con un vídeo de la misma tumbada sobre una playa de Barcelona. Un corte con una estética 100% Russian Red para un show en el que la imagen tuvo el mismo protagonismo que la música.

La banda, formada por dos guitarras, un bajo, batería, piano y un quinteto de cuerda con tres vionilistas y dos chelistas estaba estudiada de los pies a la cabeza. Todos de un tono color café y con pintura en sus rostros: ellos con un halo blanco rodeando uno de sus ojos mientras que una perpendicular perfecta dividía en dos los rostros de ellas. Y junto a ellos, dos bailarinas. Danza, cine y música sobre un mismo escenario durante casi dos horas de show.

Una intro sirvió para presentar el elenco. Las dos bailarinas iniciaban su coreografía para dar paso dos minutos después a la estrella. Porque lo que hizo Lourdes Hernández la noche del miércoles fue brillar. En todos los aspectos.

Russian Red en las Noches del Botánico /// David Left

Mágica, hipnótica y magnética son las tres palabras con las que una debe describir a Russian Red si le preguntan por aquella noche. Miento si no admito que permanecí boquiabierta durante toda la primera canción hasta que la saliva resbaló por mi barbilla. Estaba fascinada. Russian Red es un conjunto formado por una actitud, una mirada y una voz. Tres elementos que se retroalimentan. Una garganta que proyecta melodías afiladas como cuchillos que te agarran, sacuden y tiran a la cuneta y a la siguiente estrofa se reblandecen para arroparte y hacerte saltar de alegría segundos después.

Un vaivén emocional gracias a versiones fancy como la de I Want to Break Free, hits que nos hicieron brotar las lágrimas con Cigarettes, Casper, Loving Strangers o I Hate You But I Love You y piezas rápidas como The Sun, The Trees o Fuerteventura —con una intro que cortó la respiración—, para bailar. Todo esto acompañado de un juego de luces que convertía el escenario en una noche estrellada o un lago iluminado por la luz de la Luna que ayudaba a que el cojunto calase más hondo todavía.

En aquel altar sucedían infinidad de cosas al unísono, pero era imposible retirar la mirada de Lourdes por más de cinco segundos. Ataviada hacia el final con un vestido blanco con detalles del mismo color sobre los hombros, parecía una ninfa. Una hechicera que tuvo el valor de cerrar el concierto prácticamente en solitario, primero acompañada de guitarra y batería y después únicamente de la percusión. Lourdes dijo adiós a julio y a Madrid con Memory is Cruel y la castellanizada Todas mis palabras de The Magnificientes. Atrapó a los asistentes de tal manera que, al finalizar, nadie creyó haber despertado ya del sueño de verano.

Había sentido dolor en el pecho en muchas ocasiones por los recuerdos que traen las canciones y que el directo magnifica, pero nunca por haber sido atravesada por una voz, una mirada  y una escenografía que representaban la belleza en su estado más real. Los que ya tuvieron el placer de verla antes dicen que ha vuelto, yo espero que haya sido para quedarse. No me basta con una sola toma de la experiencia sensorial que lleva por nombre Russian Red.

Russian Red en las Noches del Botánico /// David Left
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