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domingo, julio 11, 2021

Las infinitas pieles de Perota Chingó

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Quince de noviembre, diez menos cuarto, Sala Repvblicca, Mislata

Habrían pasado más de cuarenta largos (y fríos)  minutos cuando por fin se apagaron las luces y un cañón de luz morada concentraba toda la atención sobre Julia Ortíz y Lola Aguirre, que serias y firmes aguantaban la mirada de todos los allí presentes para dar comienzo al espectáculo cantando a capela.

Los primeros temas estuvieron dedicados a “Muta”, disco que como ellas mismas nos contaron se había empezado a distribuir en España ese mismo día, y del cual nos cantaron algunos de los singles que ya habían lanzado como “Toca”, “Flor de Vida”, “Vértigo” y “Aurora“. Su tercer y último disco es la fusión entre sonidos contemporáneos y electrónicos y su habitual sonido folklórico.

Fue muy muy sencillo meterse en aquella cueva que crearon para que todos nos cobijáramos. Los ritmos latinoamericanos corrieron como un afluente por las gradas y de forma casi inmediata la sala de La Repvblicca se convirtió en cascada, en selva, en océano, en un fenómeno de la naturaleza, en pura vida.  

Pese a reservar el comienzo para las últimas novedades, casi todo el concierto estuvo dedicado a las canciones del segundo disco, de las cuales destacaría la interpretación de “piel”, llamativa por su tremendo estilo jazzístico, y “certo”, la consecutiva en el álbum, y que por el contrario recuerda más al rap, tanto por su base como por el ritmo de las voces. Puede que más acorde al estilo al que las tenemos asociadas, aunque no por ello menos espectacular, fue la interpretación de “Peguei Uma Chuva” escrita en portugués o de su ya mítica “Ríe chinito”. Las argentinas le dieron un giro a su primer single cantando la mitad de la canción al revés, esto es, haciéndola simétrica, capicúa. Esto es algo que habitúan a hacer cuando la tocan en vivo, pero nunca deja de ser sorprendente, sobre todo porque al cantar en tantos idiomas y dialectos, las trotamundos juegan a confundir a su público, haciéndoles creer que es una lengua desconocida en lugar de inventada.

Podríamos dedicarle un párrafo a cada canción pues, rememorando el concierto, dan ganas de recrearse en cada uno de los temas que, como las imponentes amazonas que son, defendieron en escena sus autoras y coristas, pero sería absurdo fragmentar la crónica en las catorce canciones que tiene el álbum. Creo, sin embargo, que sería más justo y acertado hablar del clima y de la atmósfera que se creó aquella velada, pues es posible que solo así el lector sea capaz de hacerse una aproximación del tipo de mujeres y de músicos que son Julia y Lola.

Durante las casi dos horas que duró el concierto los allí presentes teníamos la sensación de haber entrado en el rito ancestral de algún mamífero salvaje. Y no es una comparación gratuita, pues la pareja rugía, maullaba, y gateaba por el escenario como dos auténticas lobas. Sus ojos y bocas felinas le cantaban a un público hechizado que no podía más que hacerles una reverencia cada vez que los focos y sus voces se apagaban y la noche abierta se volvía a hacer misteriosa y espesa.

Y es que aquella friolera noche de principios de noviembre, los cánticos ancestrales de aquellas dos sirenas nos hicieron navegar por el pacífico, hasta atracar en el tema que siempre llevan por bandera: “Alma não tem cor” de de André Abujamra.

Texto: Teresa Lluch

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REDACCIÓNhttps://www.lagramoladekeith.com
Redacción, La Gramola de Keith.
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