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miércoles, abril 14, 2021

Coldplay, de la tormenta al paraiso

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Coldplay demostró anoche en el Calderón, en medio de un espectáculo de luces y fuegos, que ningún recinto se le queda grande.

Marcos Doubtfire.

Algunos teníamos esta fecha marcada en el calendario musical, por encima de cualquier festival veraniego, y es que la ocasión lo merecía. Llevaba años queriendo ver a la banda de Chris Martin, y qué mejor ocasión que en su única fecha en España en su gira Mylo Xyloto por los estadios de medio mundo. Su lema bien podría ser “cuánto más grande, mejor”, ya que el gran tamaño del recinto da cabida a un mayor espectáculo. Por todo esto, y por más, no tuve ningún inconveniente en volar las 3 horas que separan Copenhague de Madrid, con la ilusión de un niño pequeño.

A las seis de la tarde, la gente se agolpaba impaciente a las afueras, formando una cola que daba la vuelta al estadio. La organización sólo había habilitado dos accesos únicos al recinto, independientemente de la entrada, cosa que me pareció bastante mal y que sólo provocó que la gente se impacientara aún más y tardara en entrar al estadio. A muchos les quitaron sus paraguas, sin saber la que se nos venía encima.

Nada más entrar, nos entregaron unas pulseras que no aparentaban ser más que el típico accesorio de propaganda, mientras que las pantallas del escenario nos invitaban a ponérnoslas puesto que formaban parte del show. Sin embargo, había algo que nos preocupaba aún más que la misteriosa función de la pulserita, y es que en el fondo donde se encontraba el escenario se estaban formando unos nubarrones que no tenían nada que ver con el espectáculo. La organización al parecer contaba con este contratiempo, ya que sobre el impresionante escenario, con cuatro pantallas redondas y el correspondiente equipo de sonido, habían improvisado unos toldos para proteger tanto a los artistas como a los instrumentos.

Sobre las ocho de la tarde, y mientras los primeros rayos surcaban el cielo haciéndonos presagiar lo peor, subía al escenario Rita Ora, ante un público nervioso que estaba pendiente de todo menos de lo que ocurría en frente suyo. La cantante de veintiún años y de origen kosovar, parecía inmune a lo que se iba formando a sus espaldas, e interpretó un breve tracklist de seis canciones mientras la tormenta empezaba a descargar sobre un estadio al descubierto. La verdad es que nadie estaba de humor para teloneros cuando nuestra mayor preocupación era si se cancelaría o no el concierto, y a algunos no nos pareció más que mucho ruido y pocas nueces, pero hay que destacar que Rita no se vino abajo a pesar de los contratiempos, y salió a mojarse mientras ofrecía temas como “How we do”, “Hot right now”, para acabar cerrando con “R.I.P”. Seguro que oímos más de esta joven artista, que recuerda a Gwen Stefani, y que ha grabado su primer trabajo, “How We Do (Party)”, nada más y nada menos que de la mano de Jay Z.

Mientras se apresuraban a desmontar para dar paso a la siguiente actuación, la multitud que nos concentrábamos en la pista estábamos ya calados, puesto que, unida a la tromba de agua y a los rayos y truenos, el cielo de Madrid había decidido regalarnos unos instantes de granizo. Sin embargo lo peor ya había pasado, y a pesar de que las redes sociales echaban fuego y que los servicios informativos habían aventurado que se cancelaría el concierto, los que estábamos allí empezábamos a ver los primeros claros al final de la tormenta.

Así pues, cuando faltaba un cuarto de hora para que dieran las nueve, subía al escenario Marina & the Diamonds. La crítica parece estar de su lado, y su último trabajo “Electra Heart” está teniendo buena acogida. El público estaba un poco más receptivo, y la cantante galesa, de origen griego, empezó a soltarse a medida que interpretaba un breve setlist de ocho canciones.

Haciendo gala de un chorro de voz, y acompañada por una banda elegantemente coordinada, nos hicieron disfrutar de temas como “I’m not a Robot”, “Bubblegum Bitch”, y “Hollywood”. No podía evitar que tanto la formación como el estilo me recordasen un poco a Florence and the machine. La cantante, con un llamativo vestido, caminó por la pasarela que salía del escenario y se atrevió con algunas frases en español, para alegría del público. Mientras nuestra ropa empezaba a secarse, ellos se despedían con “Primadonna”, haciendo que los nervios aumentaran aún más en vista de lo que nos esperaba. El público, impaciente, empezaba a corear “Viva la Vida”.

Por fin, y con algo de retraso, subía Coldplay al escenario, mientras caía la noche en Madrid. Con el instrumental de la película “Regreso al Futuro”, Chris Martin y los suyos se colgaban los instrumentos y se preparaban para lo que se avecinaba.

Y entonces, arrancó el mayor espectáculo musical que he presenciado en mis 22 años de vida. Un forma de disfrutar de la música en directo 2.0. Mientras sonaban los acordes de Mylo Xyloto se ponía en marcha la maquinaria para las masas: fuegos artificiales, luces y lásers, y 55.000 pulseras que formaban un espectacular mar de colores que parpadeaban sincronizadas con la música. La gente enloqueció, empezó a dejarse la garganta mientras los británicos enganchaban con Hurts like Heaven.

Casi sin tiempo para tomar aire, y mientras Chris Martin preguntaba si había “alguien ahí fuera”, Will Champion arrancaba el primer compás de batería que solo podía significar una cosa, In My Place. Si aún no habíamos enloquecido, la lluvia de confeti con forma de mariposas se encargó de hacerlo. Jon Buckland, guitarra solísta, se unía a un Martin que no dejaba de brincar, en la pasarela que iba desde el escenario hasta la mitad de la pista, mientras que Guy Berryman (Bajo) se quedaba haciéndole compañía a Champion.

Parando solo a coger aire, siguieron Major Minus y Lovers In Japan, donde se unieron unos balones gigantes con forma de globo terráqueo al espectáculo que estábamos viviendo. Como en todo buen show, tocaba bajar un poco el ritmo, y le llegó el turno a The Scientist (una de mis favoritas), y Yellow, donde pudimos disfrutar de una intro de piano que realzaría aún más el subidón del inicio de la canción. Le siguieron Violet Hill y God Put A Smile Upon Your Face, antes del primer parón obligado de la noche. De momento todo parecía indicar que seguirían el mismo guión que han ido ofreciendo en sus últimos conciertos, con un tracklist sin novedades, pero en los que tienen cabida todos sus grande éxitos.

Cómo los que estábamos delante habíamos disfrutado ya bastante de su presencia, los cuatro británicos se colocaron en el pequeño escenario situado en mitad de la pista, y desde ahí pudimos disfrutar de Princess of China, con Rihanna cantándonos desde las pantallas gigantes. Después de Up in Flames y Warning Sign, le tocó el turno a Don’t Let It Break Your Heart, precedida de la breve A Hopeful Transmision.

De vuelta en el escenario principal, y habiendo superado ya el ecuador del concierto, era hora de subir un poco las revoluciones. Unos latidos de corazón daban paso a otro de los platos fuertes de la noche, Viva la Vida. La gente se volvió loca y las pulseras no cesaban de parpadear. El estadio entero coreaba y esto parecía hacer que Martin saltara todavía más alto, mientras desfilaba con su peculiar estilo, errante a la par que elegante, por la pasarela. Se lo estaba pasando en grande, y eso hizo que el público se viniera arriba aún más.

Mientras Martin volvía al escenario, los otros tres seguían coreando, llevando consigo al público, hasta que rompieron con Charlie Brown, otro de los temazos de su último disco. Si lo de antes había sido una locura, el último single hizo que es estadio entero botase, luciendo sus pulseras e inundando el estadio en un mar de color similar al del videoclip de la canción.

Yo necesitaba tomar aire después de estas dos últimas canciones, pero encima del escenario parecían estar pasándoselo tan bien que no querían darnos tregua. Así llegó Paradise, de estribillo fácil y pegadizo. Al terminar la canción, Martin tuvo el detalle de cantar con el público una vez más el estribillo, y los cuatro músicos mostraron su agradecimiento por el apoyo que estaban recibiendo.

Tras esto, volvieron a bajarse del escenario principal, para reaparecer en un tercer escenario más pequeño, colocado al fondo de la pista. Desde ahí interpretaron Us Against The World y Speed Of Sound en formato acústico. Me quedé muy impresionado con Champion, que al parecer no sólo domina la batería, si no que también controla el piano y la guitarra.

De ahí volvieron al escenario principal para ofrecernos los tres últimos temas de la noche. A la archifamosa Clocks le siguó Fix You, sin duda mi tema favorito. Hubieron más fuegos artificiales en el subidón, mientras que Martin corría de un lado a otro de la pasarela, y sin darnos cuenta, nos preguntaba si teníamos tiempo para una más. Así llegó Every Teardrop Is A Waterfall, el primer y polémico single del último disco (polémico por la acusación de plagio que recibieron).

Cuestiones legales a parte, fue el broche de oro a un espectáculo de lujo. Bien es cierto que podían haber tocado algo más de hora y media dado el alto precio de las entradas, al igual que deberían de haber tenido cabida temas como Lost! y Talk. Pero para mi han puesto el listón muy alto, y creo que tardaré algún tiempo en ver algo que me emocione de la misma manera. Están llamados a recoger el testigo de U2 cómo la banda británica más grande actualmente, y de momento no me han decepcionado.

Algunos entendidos de la música (y cada son más) los critican por haberse vuelto comerciales, por convertir su música en un espectáculo sobrecargado que desluce la esencia de las canciones, o por tocar un setlist corto y poco arriesgado. Pero sinceramente, después de lo que viví anoche, no podría importarme menos lo que digan. Anoche el Calderón se convirtió en el paraíso musical, y me siento muy afortunado de haber estado ahí.

Texto, videos y fotos: Marcos Doubtfire

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Mike
Director y fundador de La Gramola de Keith. Apasionado de la música y camarógrafo y editor de video a tiempo parcial en Nanuk Audiovisual Studio.
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