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martes, julio 5, 2022

9 de marzo

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Siguiendo el legado de mi amiga y compañera Monty me estrenaré escribiendo, una vez más, sobre la brecha de género en los escenarios. Recientemente hubo un debate bastante encendido sobre Dover en un foro del SIMUV (Sindicat de la Música Valenciana).

El revuelo venía por una entrevista que concedió Amparo Llanos, la guitarrista de Dover y protagonista de su nuevo grupo New Day, en la cual hablaba del desprecio y la vulneración de los derechos laborales que habían sufrido por ser mujeres. Puesto que el artículo hablaba de derechos laborales el foro de un sindicado parecía, a priori, un buen lugar donde poder postearlo.

Un ejemplo representativo  de estas denuncias que Amparo explica en la entrevista es el caso del concierto que dieron en México alrededor del año 2000: Mientras colocaban el backline antes de tocar, el público empezó a lanzarles objetos al escenario, la organización alegó que “no estaban acostumbrados a un grupo de guitarras con chicas” sin tomar medidas al respecto.

Sin embargo, lo que en teoría pretendía ser un debate sobre la brecha de género y los derechos laborales de las mujeres en la música desembocó en una discusión principalmente encabezada por hombres que opinaban que ‘”Dover era un truño” y que “Si habían conseguido llegar a algún sitio había sido justamente por ser mujeres” (como si el hecho de ser mujer nos hubiera traído alguna ventaja en la vida hasta el día de hoy).

La situación en sí era chocante porque nadie les había preguntado su opinión sobre Dover, pero aquí es donde entra en juego esa mala costumbre (o más bien, el privilegio) que tienen los hombres de opinar siempre y sobre todas las cosas.

En un intento efectivo de sacar a relucir su masculinidad acabaron corroborando las afirmaciones de Amparo Llanos con unos argumentos anacrónicos y misóginos basados en el discurso de la diferencia.

En el mismo espacio donde nadie cuestiona la calidad musical de Valtonyc cuando hablamos de derechos se cuestiona la calidad musical de las hermanas Llanos cuando éstas denuncian justamente eso, la violación de sus derechos laborales como profesionales de la música.

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Noèlia Sanvictor
Cantante, multiinstrumentista, historiadora y, además, feminista.
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