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RussianCoincidiendo con el décimo aniversario de su primer LP, los chicagüenses Russian Circles han publicado “Guidance”, su sexto álbum de estudio, en el cual se deshacen cada vez más de los elementos post-rockeros que les caracterizaban para afianzarse en el campo del drone y post-metal.

El disco (puedes escucharlo aquí) abre con “Asa”, una canción con un aire melancólico que recuerda al inicio de su anterior disco, “Memorial”, y que, llamadme loco, podría encajar perfectamente en el “Skin and Bones” de Foo Fighters. Una intro en la que, de una manera paulatina, se van sumando un sutil arpegio de guitarra acústica, acompañado de un tenue bajo, un tremolo picking adormecedor a los que se une un precioso contrabajo. Sin embargo, no os dejéis engañar como yo, puesto que cuando estaba a punto de añadir “Asa” a mi lista de reproducción de “Música para dormir”, algo empezó a olerme a chamusquina: la intensidad del tremolo picking ascendía y comenzaron a aparecer sonidos estáticos característicos del drone y un redoble de batería que desembocarían en “Vorel”.

Con el redoble creciendo en intensidad, apenas nos damos cuenta que nos encontramos en el segundo corte del disco. De repente, lo que era un redoble se ha convertido en una sucesión de timbales en medio de un torbellino de ruido estático. La canción evoluciona alternando trozos de post-rock y post-metal hasta desembocar en una sección a caballo entre el trash y el stoner de lo más interesante. Una cosa que me encanta de esta canción es como a pesar de los elevados niveles de distorsión de los diferentes instrumentos, todos tienen su propio espacio. La canción termina con un punteado palm muteado con marcada presencia de chorus que nos acompaña hasta el siguiente tema.

“Mota” se inicia como una continuación de su predecesora, una intro muy post-rockera, que recuerda a God is an Astronaut, en la que poco a poco van apareciendo y ganando en intensidad bajo y batería hasta llegar al primer tercio de la canción, en la que la base rítmica gana presencia convirtiéndose en un claro episodio metalero. Un tempo pesado y cargado de graves nos acompaña hacia el final junto a un riff de guitarra repetitivo, en el que la batería aumenta la velocidad e intensidad con paradiddles que nos meten en un torbellino metalero, que acaba deshaciéndose en una brisa del tremolo picking de Mike Sullivan, con la que nos adentramos en “Afrika”.

Llegamos al cuarto corte del disco donde encontramos un oasis tras la tormenta que acabamos de superar. Se trata de una canción con una menor carga enérgica donde Dave Turncrantz nos hipnotiza con sus timbales, platos y sutilezas técnicas mientras Mike nos emociona con sus riffs. La segunda mitad de la canción se vuelve un tanto más pesada con mayor presencia de las líneas del bajo de Brian Cook, haciéndose más épica la guitarra hasta terminar de una manera sosegada, como si de una nana se tratara.

“Overboard”, podría decirse que es el tema más tranquilo del disco, con un inicio post-rock donde guitarra y bajo se van sumando sutilmente y en el que, gracias al marcado uso de chorus en el arpegiado de Mike y los sintetizadores de fondo, consiguen que te sientas flotando en el espacio. De cara al final, la poca intensidad alcanzada vuelve a decrecer hasta dejar sólo a guitarra y sintes para, finalmente, quedar éstos últimos sonando en solitario.

En “Calla”, un riff agresivo de guitarra acompañado de una contundente batería consigue que recuperemos la energía. Posteriormente se une Brian con unas líneas de bajo que acaban de darle ese toque de metal al conjunto. Calla” nos ayuda a sacar toda la rabia de nuestro interior a base de tempos pesados y un sonido compacto de toda la banda con ciertos toques de stoner y sludge.

“Lisboa” es la canción con la que concluye “Guidance” y, además, una de mis preferidas de este magnífico disco. Se podría decir que esta canción es un compendio de la evolución de Russian Circles en su trayectoria musical: comenzando con un inicio post-rockero de lo más tranquilo pasando por una sección central post-metalera hasta desembocar en un torbellino que hace que venga a mi mente pasajes del “Hymn to the Immortal Wind” de Mono, y acabando con toques drone.

Los de Chicago han firmado un disco redondo en el que las canciones transitan entre sí de una manera tan delicada que a veces parecen formar parte de una misma creación. Un paso más en su evolución del rock al metal y con la contundencia que les caracteriza. Sin duda, cuando tengamos la oportunidad de verles en directo va a ser difícil mantener el cuerpo quieto sin dejarse llevar por sus ritmos cabezones, así que espero que no pase mucho tiempo hasta entonces.

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