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Al bendito de Mike se le ha ocurrido ponerme este reto tan difícil que es resumir todas las aficiones y querencias musicales en apenas un puñado de temas. Las cinco canciones que he elegido tienen en común que se me han quedado incrustadas en la memoria por motivos muy diferentes, y que además me despiertan buenas vibraciones; serían perfectas para mi funeral, si no fuera porque la segunda se titula ‘Vivo’. No considero que hayan cambiado la historia de la música ni sean especialmente relevantes, si se me apura puede que tampoco sean las que más me gustan, pero sí son las primeras que me han venido a la cabeza. Y eso quiere decir algo; mucho.

1) The House of Love —‘Shine On’

Empecemos con la facultad. Max Aub decía que uno es de donde ha hecho su bachillerato. Yo creo que ahora se puede decir lo mismo con la universidad o similares. Y para mi la carrera, y por ende la vida adulta, se abrió con esta canción de The House of Love. Machaqué la cinta TDK donde la tenía grabada. Me la pasó un compañero de Periodismo con el que solía ir a conciertos y me pareció (y me parece) un tema digno de ser escuchado un millón de veces. A eso me he afanado. Si no he alcanzado el millón, andaré cerca. Forma parte del disco ‘The House of Love’ con la mariposa en la portada. Otras dos canciones que se han abierto hueco en mi cabeza de aquel disco son ‘Beatles and the Stones’ y ‘I Don’t Know Why I Love You’, pero ‘Shine On’ siempre ha brillado más.

2) Pearl Jam —‘Alive’

Cuando todo el mundo veneraba a Nirvana, yo ya miraba con más ojitos tiernos a Pearl Jam. Descubrirlos fue amarlos. Me gustaba su música y su actitud honesta. A Eddie Vedder siempre me lo he creído. A todo el grupo. No puedo evitar sentirme más a gusto escuchando música de gente a la que respeto o con la que me identifico. Es mi talón de Aquiles. La historia que rodea a esta canción es tremenda. Habla sobre el reencuentro de un hijo con su padre verdadero, una obsesión de Vedder que descubrió de forma tardía que había sido criado por un padrastro y que no pudo despedirse de su padre biológico. Lo irónico de la canción es que los aficionados la han convertido en un himno a la vida. Más crueldades de la vida: cuando el 30 de junio de 2000 una avalancha mató a nueve personas durante un concierto de Pearl Jam en el festival de Roskilde, era el siguiente tema que tenían que tocar. Eso les traumatizó y a la banda le costó recuperar la canción y volver a interpretarla en directo.

3) Alanis Morissette— ‘Ironic’.
Como el fallecido David Foster Wallace siento algo especial por Alanis Morissette y su tercer disco, ‘Jagged Little Pill’, algo parecido al amor platónico o a la veneración emocional. En este caso la obsesión se tradujo hasta en aspectos materiales como que compré el disco en dos formatos físicos: CD y casete. Últimamente lo he recuperado como parte de la educación musical de mi hijo, y me he descubierto cantando de nuevo a grito pelado este ‘Ironic’ que tanto me gustaba berrear cuando conducía por la carretera.

4) Los Planetas —‘Un buen día’.

Un amigo muy cachondo dice que ‘Un buen día’ es la canción favorita de Los Planetas de todo el mundo porque es la única en la que se le entiende a Jota toda la letra. Bromas aparte, todo en la canción me evoca una etapa muy concreta de mi vida. La mención a los años de gloria del Valencia con los ‘goles increíbles’ de Mendieta es una parte, claro, pero sólo la punta del iceberg de un momento de mi vida personal, de la de mucha gente de mi generación. Además refleja con su nihilismo de perfil bajo los pequeños traumas románticos de la postadolescencia, cuando sabes que el mundo no se acaba porque se haya roto una relación, pero te jode igualmente. Por muchos motivos la considero un himno generacional.

5) Ef —‘Hello Scotland’

La rareza del quinteto es este tema de post rock de esta banda sueca muy poco conocida. Es también mi obsesión más reciente. Descubrí casualmente al grupo hará unos cinco años y no les presté mucha atención los primeros meses. En un momento concreto de mi vida, esta canción me hechizó. Es la más larga con diferencia, doce minutos, pero estoy enamorado de sus subidas y bajadas de ritmo, sus riffs de guitarra in crescendo, su modesta sección de cuerdas, sus parones dramáticos y su letra casi naif. Otro tema que escucho con el ‘repeat one’ conectado cuando tengo carretera (mucha) por delante.

Carlos Aimeur nació en Valencia en 1972. La mayor parte de su carrera profesional la ha desarrollado como periodista de información cultural en medios como Valencia Plaza, El Mundo o Las Provincias, ha colaborado con medios como Levante, Mediterráneo, o revistas como Muy Interesante, y fue responsable de comunicación de la Filmoteca de Valencia durante dos años. También ha publicado dos novelas: ‘Destroy’, una intriga ambientada en los años de la Ruta del Bakalao, y ‘Bonaventura’, una fantasía de terror que tiene como escenario Valencia durante la Guerra de Sucesión. Ha dirigido un documental sobre el grupo de post rock La muñeca de sal, y escrito y producido varios cortometrajes de ficción.

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