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Jaime Aguiló

Con la música me sucede lo que cuenta el grandioso Raúl Minchinela en ‘Alta y baja cultura‘, el capítulo 34 de sus Reflexiones de Repronto. Si queréis saber qué dice, entráis, lo veis y me dais las gracias por descubriros (si es que no lo conocíais ya) uno de los mejores contenidos de Internet.

Mis cinco canciones no me dejan en buen lugar. Son canciones de ducha y vestuario. Canciones para después de los entrenamientos. Cantadas por mí mismo. Con mis compañeros de equipo alrededor tan desnudos como yo. Imaginad (si es que no lo habéis imaginado ya) como suena mis cinco…

1) Me huele el pito a canela. Nacho Vigalondo.

Pepao, Juan, Edu, Sergio, Rober… Gracias por hacerme los coros en aquel vestuario de San Isidro al finalizar los entrenamientos de nuestra etapa en Valencia Fútbol Sala. Una temporada musical, la más musical de todas. Esta canción fue su Hit Emocional.

2) Evita, las drogas. Mauro Entrialgo.

Un temita que siempre sale fluido bajo el chorrazo de agua. El dibujante Mauro Entrialgo y su grupo Esteban Light tienen además otros temazos como ‘Para mí que no baja‘ y especialmente ‘Mi Clase de 8º EGB A‘.

3) Saca el güisky, Chely. Desmadre 75.

Siempre hay alegría después de esta canción. Cuando Heidi preguntaba “abuelito, dime tú por qué yo soy tan feliz” la respuesta era “porque eres contemporánea de los Desmadre 75, niñita“. En esta canción se utilizan las mejores palabras del mundo: gachises, mismamente, alelá, pasmo, jalando, casette, discoteque y muchas más.

4) Zamba de mi esperanza. Jorge Cafrune.

No es justo poner aquí esta canción porque, así como las tres anteriores sí que son recurrentes, esta viene a representar un grupo de canciones que suelo visitar mientras me enjabono: los tangos. Este tango (si es que es un tango, que no tengo ni idea de si es un tango o no es un tango) lo canto más rápido y poniendo voz como de hinchada de fútbol. Queda mejor.

5) La mataré. Loquillo y Trogloditas.

Mi variedad de canciones de ducha de vestuario no llega a cinco, para qué mentir. Eso sí, si tuviese que elegir una más para el repertorio, sería esta. La mataré. Loquillo concentrado. Tang de Loquillo con sabor a testosterona del siglo XIX. Ponle medio vasito de agua. Vergüenza e identificación. Adrenalina y tortazo. Todo junto. Bajo el agua.

La probaré esta noche tras el entrenamiento.

Jaime Aguiló es copywriter; o sea, que escribe anuncios y tiene ideas para publicidad. Actualmente trabaja en Maslow, una agencia que él mismo inició hace 5 años junto con Pau Rodilla. También dibuja y hace otras cosas, como un proyecto de ilustración que se llama Frases Dibujadas. Y poco más, la verdad. Como él mismo explica en su web (citando al gran Calvin de Calvin & Hobbes) a nivel cósmico, su significancia es prácticamente nula.

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