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Foto /// Eva Máñez
Foto /// Eva Máñez

Si hubiera querido decir aquí cuáles son mis cinco bandas sonoras favoritas, yo, hijo en ultramar del frustrado sueño americano, supongo que hubiera hecho una absurda selección entre El hombre del brazo de oro (Elmer Bernstein, 1955), Un tranvía llamado deseo (Alex North, 1951), Espartaco (Alex North, 1960) Por un puñado de dólares (Ennio Morricone, 1964), El coleccionista (Maurice Jarre, 1965), El graduado (Simon & Garfunkel, 1967), La naranja mecánica (por la perversión de los clásicos que hizo Wendy Carlos, 1971), Amarcord (Nino Rota, 1973), Pelham 1, 2, 3 (David Shire, 1974), Taxi Driver (Bernard Hermann, 1976), La guerra de las galaxias (John Williams, 1977), Blade Runner (Vangelis, 1982), Pulp Fiction (por la selección de Tarantino, 1994), Eyes Wide Shut (por todas las aportaciones de Jocelyn Cook, 1999), Buena Vista Social Club (por todos, 1999), Magnolia (1999) Deseando amar (Michael Galasso, 2000), El viaje de Chihiro (Joe Hisaishi, 2001), Mulholland Drive (Angelo Badalamenti, 2001), Hedwig and the Angry Inch (Stephen Trask, 2001), The Royal Tenenbaums (por la selección de Anderson, 2001), Pozos de ambición (Jonny Greenwood, 2007), Into the Wild (Eddie Vedder, 2007), El caballero oscuro (Hans Zimmer, 2008), Chico & Rita (Bebo Valdés, 2010), La red social (Trent Reznor y Atticus Ross, 2010), La isla mínima (Julio de la Rosa, 2014) o Boyhood (por la selección de Linklater, 2014).

No son mis películas favoritas, pero si una colección -escrita casi de memoria- sobre esas obras a las que regreso constantemente para volver a comprobar cómo la música ha sido capaz de amoldar algunas historias. En todas ellas, a mi juicio de manera objetiva, el cine demuestra esa capacidad de ser un arte total, de convertir en enriquecedor y digerible ciertos mensajes que supongo me resultan próximos.
Las que siguen tampoco son mis cinco bandas sonoras predilectas. De hecho, este artículo es un trampantojo por completo, y me excuso: en mi día a día no tengo la oportunidad de confundir al lector con el titular, algo que me parece muy divertido, así que como Mike me pidió que me divirtiera contando cuáles son ‘Mis cinco…’ “y aquí pones lo que quieras”, he decidido juguetear con el asunto.

Escribir así, liberado del oficio, me ha servido para reflexionar con cierta intimidad acerca de cuáles han sido las tendencias, las formas, las corrientes y, sobre todo, las canciones que han merodeado en el cine de estreno que he podido ver y que, a la vez, se conectaban con la música que quería hacer (aunque esa es otra historia). Estas cinco reúnen un sinfín de artistas, de sonidos, de patrones, de poses también, que tienen mucho que ver con la música con la que he crecido. Son, en suma, una curiosa compilación de identidad sonora escondida a través de cinco discos desiguales.

Trainspotting (Danny Boyle, 1996)

Icónica, frenética, polémica, genial y supongo que generacional, la BSO de Trainspotting es el aglutinamiento de canciones entre los 70, los 80 y los 90 que me hacen ‘sentir en casa’. Tiene la virtud de empastar a los artistas esenciales (Lou Reed, Iggy Pop o New Order) con los coetáneos (Blur, Pulp, Primal Scream o Underworld) sin obviar el petardeo necesario de su tiempo (Ice MC o Sleeper). Boyle era consciente del rosario de hits reunido, pero los canales de edición y promoción permitieron durante los primeros años que la lista de canciones varíe según los países y el año de publicación del álbum (o doble álbum). Y así es como hasta David Bowie entra en un segundo volumen de este repertorio con ‘Golden Years’, por si faltaba alguien.

Cuesta elegir solo una canción para incentivar su reescucha. Aunque pocas escenas en la historia del cine han empastado mejor su espíritu con unas imágenes como sucede con ‘Lust for Life’ de Iggy o ‘Perfect Day’ de Reed, si la elección tiene que ver con desnudarse, la que puedo tener más dentro es ‘Sing’ de Blur.

Casi famosos (Almost Famous, Cameron Crowe – 2000)

¿Ya he dicho que estas no son las mejores películas que podéis ver, no? El film de Crowe es, eso sí, uno ejercicio de ostentación económica. No obstante, muchos otros han tenido ocasión de utilizar el cheque en blanco para comprar derechos para sus películas y pocos han logrado congregar tantas buenas canciones que tengan que ver con la música que consumo. Beach Boys, The Who o Led Zeppelin bien podrían suponer un podium desde el pop hasta el rock para mí o para los que me rodean, pero si tuviera de nuevo que escoger una de esas que arañan en mi interior, me quedo con la versión en directo de David Bowie de ‘I’m Waiting for the Man’ (o sea, de la canción de Reed para la Velvet Underground). Todo esto.

Nueve canciones (9 songs, Michael Winterbottom – 2004)

Exploramos aguas turbias por lo que se refiera al asunto cinematográfico. Al menos, a mi parecer. Sobre todo, de dudoso interés personal, intelectual o comercial. Rodada de aquella manera, aupada como tendencia por los años de la descarga online más espitosa, con el sexo explícito como ingrediente principal y los festivales al borde de su eclosión de éxito, Winterbottom reunió algunos de los grupos que más he disfrutado en ese contexto. Los festivales, ese oscuro garante de la industria musical tras la negación digital de principios de siglo, fueron auténticos campos de placer para disfrutar de los enormes directos de Black Rebel Motorcycle Club, Elbow o Franz Ferdinand, entre otros de esta escueta banda sonora. Aislados en el hype y sentenciados por suponer una reunión muy freak de personalidades, la canción más cercana a ‘mi música’ es ‘You Were The Last Hight’ de The Dandy Warhols.

A dos metros bajo tierra (Six Fet Under, Alan Ball – 2001-2005). Álbum Six Feet Under, Vol. 2. Everything Ends (2005)

Hace apenas unas semanas se cumplía el décimoquinto aniversario del estreno de A dos metros bajo tierra. La serie, seguramente la primera que vi por completo y casi coincidiendo con su glorioso y cinematográfico final, fue una de las primeras en implementar la música actual como feliz consorte. La que para mí es una de las narraciones más sanas y recomendables sobre la muerte, integró en su Vol. 2 algunas de las bandas más presentes en mis años de formación musical. O sea, Radiohead, Phoenix, Coldplay, Arcade Fire o Death Cab For Cutie. En este caso la selección tiene que ver muchísimo con un fanvideo de homenaje a la serie, que encumbra un momento maravilloso, irrepetible si se ve episodio a episodio, temporada a temporada, y que quede claro que incluye decenas de spoilers.

C.R.AZ.Y. (Jean-Marc Vallée, 2005)

Vallée es uno de los directores de cine que más me ha interesado durante los últimos años. Su primera peli de distribución y ambición internacional fue la total C.R.A.Z.Y., de la que, según él mismo, buena parte del presupuesto se destinó a la compra de derechos sobre algunos tracks. De hecho, la música es un protagonista constante –acaso la gran protagonista-, acaparando hasta su título por la interpretación de Patsy Cline sobre el clásico de Willie Nelson. Y desde ahí ‘Sympathy for the Devil’ de los Rolling Stones, ‘From here to eternty’ de Giorgio Moroder o ’10:15 saturday night’ de The Cure. Por no desafinar con el soporcillo veraniego que parece haberme influido para la selección, cierro esta confesión personal con ‘Shine On You Crazy Diamond’ de Pink Floyd. La versión no es la que suena en el film, pero ya que alguien la ha subido a YouTube parece una buena ocasión para revisar de un tirón sus nueve partes…

 Eugenio Viñas es periodista. En la actualidad, redactor jefe de cultura en Valencia Plaza, grupo editorial en el que ha sido redactor en distintas áreas y al que está ligado desde hace casi cinco años. Él mismo asegura que decidió que esta sería su vocación tras “aceptar que no era lo suficientemente inteligente como para hacer humor”. Colabora habitualmente con medios nacionales de culturas y tendencias como VICE o i-D Spain. Algo menos “frustrado” se siente como miembro fundador del colectivo de activación ciudadana València Vibrant o como ex frontman de la banda de rock Twelve Dolls: “me pase seis o siete años sin parar de viajar, hicimos un ‘último disco’ que la gente nos recuerda no ha dejado de escuchar, viví cosas que nunca me atrevería a publicar y, en definitiva, creo que me gasté toda la suerte que un tío como yo puede tener en la vida”.

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