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Cuando logras ver a un grupo tres veces en el mismo año y en tres formatos distintos —festival, acústico y banda en sala—, se podría decir que has sabido sacar partido a los tres deseos del genio de la lámpara; y cuando además la última de ellas se da en un lugar y de una forma que tiene un agregado especial para la banda, se podría decir que has tenido el arte de sonsacarle un deseo más al genio. He visto tres veces a Luis Brea y el Miedo en el mismo año y la tercera de ellas ha sido en el Fotomatón Bar, dónde todo comenzó.

Jorge Martí, Lázaro Fernández, Luis Brea y Nacho Mora en el Fotomatón Bar // Eliseo Sampedro Carrera

Cuando se anunció el bolo, Jorge Martí ya dijo por redes que era uno muy especial porque el Fotomatón no solamente les acogió a los cuatro antes de todo, sino que también vio nacer el proyecto e incluso fue la cuna de alguna de sus canciones. Lo avisó antes del concierto y así se encargó de relatarlo entre canción y canción la noche del miércoles 9 de noviembre.

“Ensayábamos ahí canciones de amor y de quererse. Yo me ocupaba del sonido,

Lázaro servía copas muy mal y además era bajito así que no se le veía…”

Se podría dividir el concierto de dos maneras: una primera parte de repaso de los temas de Luis Brea y el Miedo y una segunda de a modo popurrí de De lo dicho nada Hipotenusa; o una primera a modo “cortavenas” y una segunda con la que la sala se despojó de todo ese “dolor” bailando. Sea como fuere, El Verano del Incendio fue la canción que abrió la noche a golpe de sonidos eléctricos.

Lo mejor de tocar en una sala con aforo de 50 personas es que se sabe que los que van a ir son seguidores de los fieles, de los de verdad, de los que se saben todas las canciones; y lo mejor de que sea un local que ha marcado la trayectoria del grupo en tantos aspectos es que se sabe que van a ir los de siempre. Eso explica que durante Más de veinte Luis y Jorge señalaran varias veces a un punto concreto del público: el verdadero José Ramón del que habla la canción estaba de cuerpo presente en el Fotomatón.

Jorge Martí, Lázaro Fernández, Luis Brea y Nacho Mora en el Fotomatón Bar // Eliseo Sampedro Carrera

Singles, Resurrección y Hada Roja fueron los temas en “modo eléctrico” que le siguieron. “¿Para alguien es la primera vez que nos ve en el Fotomatón?” preguntaban, y entre risas Luís juraba que para él también era la primera vez que le pasaba lo que a él llamó la anécdota del concierto: una guitarra trastocada que debido a los nervios y la presión costó unos minutos arreglar, tiempo que sirvió para que Jorge siguiera contándonos cosas.

“… — Luís nos quería a todos a su manera

— Yo os quería a todos fuera…”

La guitarra acústica de Luís entró en juego con After Crisálida. Nacho Mora (bajo y coros) bromeaba minutos antes con que el público no estaba cantando nada; pero en este tema se le escuchó más que nunca cada vez que Luís enmudecía para dejarse sacudir por —en unos casos berridos y en otros voces entonadas—, cada una de las gargantas.

“…— ¿Y tú qué hacías, Nacho?

— No se puede decir lo que hacía. Yo… me lo bebía todo…”

“Esta tampoco os la sabéis” decían entre risas antes de interpretar Mil Razones e iniciar el momento de más bajona sentimental de la noche. El cuarteto no tuvo reparo en tocar después Tres Cruces, tema cuya instrumental aprovecharon para hacer la rueda de reconocimiento de la banda y durante el que Luís bailó literalmente con el público, pues bajó del escenario y chocó los cinco a los que se colocaron en las primeras filas.

“… Yo me ocupaba del sonido, Lázaro servía copas muy mal, Nacho se lo bebía, Luís nos quería muy fuerte a su manera y Alfonso, el padre fundador, manejaba el timón”

Luis Brea junto a su público // Foto: Eliseo Sampedro Carrera

Tras haber tocado Luis Brea y el Miedo de cabo a rabo, tiraron de Hipotenusa e hicieron su falsa despedida con La cuenta atrás, bajando Luís por segunda vez—y no última— del escenario. La banda abandonó la tarima hacia camerinos y dos minutos después Brea reapareció a solas para, como marca la tradición, comenzar a tocar “Baso” se escribe con “v” a capella. En un principio el público le acompañaba, pero al segundo verso la sala se apagó por completo para disfrutar de su voz en solitario y se dio un silencio sepulcral hasta que Nacho, Lázaro y Jorge se unieron a la fiesta para aportar el sonido eléctrico y corear: “y me levanto con total normalidad y hoy las isobaras señalan algunos soles. Solamente vuelves a mi cabeza cuando ponen esa puta canción de Los Planetas… “Baso” es con “v” “.

“… esta canción la compusimos ahí mismo, donde vosotros ahora lo vais a gozar”

Jorge hablaba de Automáticamente. Después de la buenrollera Dicen por ahí todavía quedaban unos minutos de baile e instrumentos estridentes. El Fotomatón parece pequeño pero esa noche dio mucho de sí: dio para gritar, agacharse, saltar, corear y hacerse una de esas selfies grupales que a Luís le gusta sacar.

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Luis Brea junto a su público // Foto: Eliseo Sampedro Carrera

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