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Es miércoles y en Valencia hay un concierto, sí como lo oyen, un miércoles. Y tampoco es cualquier concierto, el oscarizado Glen Hansard viene a visitarnos gracias a esos Ineludibles de Alhambra y el esfuerzo de Tranquilo Música (¡benditos sean!). Se estarán preguntando, imagino, si había gente o no, porque que venga Glen Hansard, a Valencia, con su Óscar, un MIÉRCOLES para encontrarse una sala “medio llena” no mola. Menos mal que no tuvimos que preocuparnos por encontrarnos una sala medio llena, sino más bien un huequecito por el que respirar, porque decir que el Ram Club estaba “hasta los topes” es quedarse un poco corta.

Llego tarde, como siempre (maldita mi suerte de clase obrera), y me pierdo a unos teloneros que aunque no me sonaba su nombre me sorprendieron los dos temas que sí llegué a escuchar, con un set de batería y guitarra ahí estaban Escuchando Elefantes, un grupo nacional con una trayectoria europea bastante interesante y de los cuales recomiendo muy fuerte su escucha. Minutos más tarde se hace el silencio en la sala cuando salta Glen Hansard al escenario y suenan los primeros temas. Hansard se muestra abierto y extrovertido desde el inicio, bromeando y contando anécdotas que ayudan a reconocer las historias tras las canciones. Una de ellas, “My little ruin” dedicada a uno de sus mejores amigos que había caído en una espiral de autodestrucción, es un tema estremecedor que habla sobre el dolor que produce ver cómo tus seres queridos entran en esa espiral de manera consciente y rechazando toda ayuda posible. A la altura de “When your mind’s made up” ya se escuchan sollozos por parte de un público entregado a la sensibilidad del irlandés que consigue transmitir una miríada de emociones con la potencia desgarradora de su voz, letras cortantes como el cristal y sus propias manos a la guitarra y el piano.

Glen Hansard nos muestra su particular visión de la actualidad internacional a través del tema “Vigilante man” (versión de Woodie Guthrie) mezclando las letras con críticas a Trump convirtiéndolo en una sátira política que el público percibe sonriéndose. Otro de los temas que suena esa noche es “Lonely deserter” que habla sobre el espíritu socialista irlandés que llevó a su revolución enlazándolo con el blues “Way back in the way back when” donde insta a la gente a unirse al coro y se lo dedica a todos aquellos que se ven forzados a abandonar su país natal por conflictos bélicos, desastres naturales o causas económicas. Pero sin duda uno de los momentos clave de la noche fue escucharle cantar la oscarizada “Falling slowly” ante un silencio sepulcral que la gente no se atrevía a romper ni murmurando la letra.

Para los últimos temas de la noche, Glen Hansard decide pasar completamente de aplificaciones y micrófonos, se nos ponen los pelos de punta al verle al borde del escenario cantando “Say it to me now” (otro de los temas más esperados de la noche) a pelo, acompañado de su vieja guitarra que ya se ha convertido en todo un símbolo. El irlandés le pone el broche a una velada en la que ha jugado con nuestras emociones, manipulándolas con altibajos y condimentándolas con sus propias historias personales haciendo una versión de otro de los grandes arquitectos, fallecido recientemente, Glen Hansard se despide con “Passing through” de Leonard Cohen.

Cuando llego a casa y me acuesto, me pongo los cascos y caigo en los brazos de Glen Hansard otra vez, porque lo cierto es que ese miércoles en La Rambleta me rendí a su sentido del humor, su crudeza y las maravillosas historias detrás de las canciones. Glen, vuelve pronto, tienes una fan más.

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