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Cuando un se muda a Madrid y le gusta la música se encuentra con un mes plagado de primeras veces. El pasado viernes 11 de noviembre fue mi primera vez en la Joy Eslava para ver a La Bien Querida y, para mi sorpresa, a uno de los grupos de mi tierra, pues los teloneros de la diva del indie fueron Meridian Response.

Meridian Response sobre el escenario de la Joy Eslava // Foto: Franco Higa
Meridian Response sobre el escenario de la Joy Eslava // Foto: Franco Higa

Estoy segura de que el público quedó sorprendido ante el sonido que trabaja el conjunto valenciano. Una joven ataviada de falda larga y una chaqueta de lentejuelas mecía sus manos mientras cantaba a ritmo de dream pop. Es sorprendente cómo puede salir tal voz de un cuerpo tan pequeño, pero Marta Domingo lo hace; y junto a ella suenan los potentes coros de Rebeca Ibáñez.

Junto a ellas, una banda de músicos virtuosos completa Meridian Response. Luís Martín domina tanto la acústica como la eléctrica, aunque es con la primera con la que hace que el arte del punteo sea lo más sencillo del mundo; Gilberto Aubán, también miembro de Gilbertástico, pulsa su teclado con la sonrisa de mil niños juntos; Carlos Picó da mimo a ese bajo tan característico y Daniel Ballesta cumple con el papel de percusionista, pero no uno cualquiera, pues además de dar toques a su maquinaria como un baterista común —por eso lo habrán apodado El Verdadero—, también acaricia con suavidad los platillos y hace sonar campanillas para dar acrecentar ese dream al pop que hace su grupo.

Se nota mucho cuando un conjunto disfruta en lo alto de un escenario y en el caso de la primera vez de Meridian Response en Madrid no hubo duda de ello.

Meridian Response sobre el escenario de la Joy Eslava // Foto: Franco Higa
Meridian Response sobre el escenario de la Joy Eslava // Foto: Franco Higa

Al igual que el inicio del breve concierto de Meridian tampoco fue con la banda al completo, para el show de La Bien Querida se repitió la fórmula y una valiente Ana cantaba una declaración de amor con su acústica. Pero esa semi-versión de Carla Bruni que sacó a nuestro yo más pastel se desvaneció cuando David Rodríguez —durante la intro al bajo y luego a la guitarra como un hombre orquesta— y Frank Rudow (percusión) se unieron para iniciar la ceremonia con A veces ni eso. Una ceremonia en la que el público no fue el único que bailó, pues La Bien Querida que estamos acostumbrados a ver sobre el escenario no vino aquella noche, sino que en su lugar acudió una vestida de fiesta que bailaba y sonreía en cada instrumental. De su álbum Fiesta fue precisamente el tercer tema del setlist, Hoy. Eran dos eléctricas las que sonaban, la de David y la de Ana, escena que se repitió en múltiples ocasiones a lo largo del concierto.

El sonido del antiguo teatro, que había sido una gozada durante la actuación de Meridian Response y hasta el momento, comenzó a fallar en la sexta canción. Para interpretar Alta tensión guitarra y percusión fueron sustituidas por piano y teclado, dando lugar a música de ultratumba. Pero los problemas de sonido no permitían escuchar correctamente lo que Ana decía y tampoco se trataba de eso aunque la parte instrumental sea más potente que la vocal en este tema. Sin embargo, que bajara de la tarima para que su “no ha sido fácil pero ahora puedo decir: no te quiero, no te quiero, no te quiero, no te quiero, no te quiero, no te quiero, yo ya no te quiero” llegase directamente a todos los oídos, mejoró la situación.

En apenas hora y media La Bien Querida consiguió marcar un setlist de 18 canciones combinando a la perfección instantes lentos y más cañeros sin llegar a caer en el error de sacar al público del concierto. Cabe destacar la entrega de este en Crepúsculo, uno de los temas de despecho por excelencia de su discografía y que fue acompañado con palmas; Muero de amor, en la que volvieron a sonar vítores a causa de su fuerza instrumental; 9.6, otra declaración de amor sin aditivos que incluso llevó a una mujer a convertirse en la anécdota de la noche cuando se coló en el escenario a pedir que la volvieran a tocar porque “estaba en el baño”; y De momento abril, última canción antes de los bises que interpretaron con matices de techno en una mala decisión. Este fue, en mi opinión, el único error del concierto.

Aunque al terminar el bolo la sala rogaba una más, solo fueron dos las que sonaron en los bises: Poderes extraños Sentido Común. Con las piezas de Premeditación, Nocturnidad y Alevosía Fiesta y un cumpleaños feliz entonado por todos los allí presentes —era el cumpleaños de Ana—, La Bien Querida se despidió de Madrid y su Joy Eslava hasta próximo aviso.

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