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Como si de un anuncio televisivo de fármacos se tratase, esta crónica va a empezar con unas breves indicaciones para una mejor ingesta:

  1. Esta crónica es de un ‘old fan‘ de los Red Hot Chili Peppers.
  2. Lease detenidamente y con la mente abierta esta crónica.
  3. En caso de estar en desacuerdo consulte otros ‘mundos ruidosos‘ ya que aquí no llamaremos Chuck a Chad Smith y evitaremos la fácil comparación de Josh con John.

Dicho esto, la tarde empezaba con una gran marabunta de público subiendo Montjuic hacia el Palau Sant Jordi. Hordas de jóvenes, no tan jóvenes y otros de una edad ya más avanzada ataviados con camisetas con un asterisco como distintivo desfilaban por los alrededores a las espera de que el cuarteto californiano diera por empezado su show. Un concierto el cual la banda BadBadNotGood se encargaría de amenizar a los que ya cogían sitio en pista, intentando coger primeras filas. Los canadienses solo harían acto de presencia en unos de los cuatro espectáculos que los RHCP darían en la gira por España. Poco más de 45 minutos de un mixture instrumental de jazz y soul pero subido de revoluciones. Agradable.

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BadBadNotGood
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BadBadNotGood

Y llegó la hora estipulada, las 21:30, y tras la finalización de los de Ontario las luces del Palau seguían encendidas, síntoma de que aún tardarían en saltar sobre el escenario principal. Este hecho desembocó en una reacción por parte del público primero con el ya típico ‘Lololololo’ de Seven Nation Army de The White Stripes. Visto que no hubo estímulo alguno, se lanzaron a aplaudir in crescendo como cuando Neymar (que el día de antes habia sido visitado por el frontman de los RHCP) se dispone a sacar una falta al borde del área. Nada, luces must go on. Y así, probando diferentes fórmulas para acelerar la salida de los californianos hasta que pasados ya 3-4 minutos de la hora zulú, las incandescentes luces del Palau se apagaron.

A golpe de saxofón enlatado empezaron a salir los integrantes, Chuck Chad Smith en primer lugar, para con golpes de batería dar paso a Flea y Josh Klinghoffer que en un encarnizado jam face to face entre los tres, y en prolegómenos de los que seria su apertura del concierto con el clásico Can’t Stop, hicieron que Anthony Kiedis gambeteara sobre el escenario, momento en el que el Palau Sant Jordi se vino abajo.

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Red Hot Chili Peppers
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Red Hot Chili Peppers

Una jam session llevada a cabo desde el suelo por parte de los tres, arrodillados, como dando las gracias a los asistentes. Empezaron fuerte, sacando hit tras hit de los que hacen que te dejes la garganta desde el principio del concierto. Tras Can’t Stop llegó Dani California, empalmando canciones con esas improvisaciones tan estructuradas y llevadas a cabo de una manera sibilina. La puesta en escena del stage fue con una gran pantalla tras ellos que intercalaba imágenes suyas con otras de ilustraciones en movimientos pero lo realmente espectacular fue el juego de luces que traían con ellos, unas lamparas que cambiaban de color, que subían y bajaban que casi podías tocarlas si estabas en la pista y que iban formando figuras. Espectacular, simple pero efectivo.

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Red Hot Chili Peppers
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Red Hot Chili Peppers

Bueno, a lo musical que es lo que nos atañe. Como decíamos, venían con un setlist pensado en hacer desfallecer a los asistentes, cargado de temas principalmente de los dos mejores discos que tienen en su haber ‘Blood Sugar Sex Magik’ (que días atrás cumplía 25 años) y ‘Californication’. Scar Tissue también fue lanzada raudamente sobre los miles de feligreses que acudimos. Otra vez los cimientos del Palau se vieron amenazados por el estruendo. Uno llegaba al recinto pensando que siendo la gira europea de ‘The Getaway’, los temas que contiene inundarian la noche, pero no, apenas tres canciones ‘Dark Necessities‘, ‘Go Robot‘ o ‘Goodbye Angels‘. Y aunque me duela en el alma tener que llevarles la contraria a Barney Stinson, Ted Mosby y los suyos un show nunca puede estar en eterna crecida y esto lo saben leer muy bien los Pimientos Rojos, hubo tiempo para pequeños breaks musicales con Hard to Concentrate, Soul to Squezee o Did I Let you Know. 

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Red Hot Chili Peppers
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Red Hot Chili Peppers

Entre diferentes monólogos por parte de Flea y Kiedis (el cual se acerca al mito de que las grandes estrellas del rock a los 60 se convierten en abuelas, vease Mick Jagger, Paul McCartney o Elton John), incluso metiéndose con el tímido Josh al cual hicieron hablar, y varias frases por parte de la pulga para enardecer al público tales como ‘¡Qué aire más dulce Catalunya!’ o un ‘Mucho amor por Catalunya’ pasaron clásicos como Right On Time, Suck My Kiss o The adventures of Rain Dance Maggie. Momentos álgidos vividos con Californication, con una intro de más de 4 minutos y con By The Way. Chute de energía.

Y llegar al bis con las pulsaciones con un ritmo exacerbado que solo Flea podía darle un apretón mas para casi causarnos una deficiencia coronaria. Tras el parón de un par de minutos sale Chuck Chad Smith a alentar a las masas y tras sentarse, a ritmo de batería circense, sale el juvenil Flea haciendo el pino, cruzándose el escenario y regodeándose de los allí presentes. Brutal como teniendo casi 60 años pueda permitirse eso después de 80 minutos de frenético show y es que la pulga es incombustible, danzando de un lado a otro, saltando, subiendo a bailar sobre los altavoces y vacilando a los de primera fila. Todo esto tocando el bajo y aún así seguir siendo (para mí) el mejor bajista de las últimas décadas.

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Red Hot Chili Peppers
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Red Hot Chili Peppers

Y llegamos al final del show con Give It Away, uno de los temas insignias de los californianos que sirvió para despedir el primero de los dos conciertos que darán en la capital condal. A modo de reflexión, me parece ventajista la comparación de John Frusciante (quien bien me conoce sabe que para mi es el mejor) con Josh Klinghoffer. Uno es discípulo de otro, como en su día lo fue John de Slovak, con el agravante de que Klinghoffer lleva como segunda guitarra de la banda desde Stadium Arcadium, así que sabe de que va el tema. ¿No tira tanto de carraca palanca de tremolo? Tiene otras virtudes,  otra manera de tocar que por momentos pareció estar poseído por el espíritu Frusciante, que si uno tiene la mente abierta, fuera de los prejuicios de que cualquier tiempo pasado fue mejor, puede llegar a emocionarse casi tanto como Spielberg se emocionó con Pulseras Rojas.

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