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El buenrrollismo tropical que convence, o no.

El pasado 10 de diciembre, los ingleses Crystal Fighters (con una historia que converge en el País Vasco) aterrizaron en la capital del Túria, más concretamente en el Pabellón 8 de la Feria Valencia, acompañados en los prolegómenos de la actuación de El Guincho.

Una actuación del canario Pablo Díaz (El Guincho) que se vio deslucida por la poca afluencia de público, la mayor parte de ellos frente a la Feria, como si esta instalación fuese un ‘botellódromo’.  Los que no estaban siendo abducidos por los efectos de ciertas bebidas espirituosas disfrutaron de un arduo repaso a la discografía, desde su primer álbum ‘Folias’ (2006) hasta ‘Hiperasia’ (2016).

Con los últimos acordes aun calientes en el aire del canario, la ebria marabunta se agolpaba en la entrada para acceder al recinto. Con una capacidad de unas 3.000 personas, Crystal Fighters fueron capaces de llenar tres cuartas partes del ‘stage’. Oscuridad absoluta y una grabación de Sebastian Pringle hablándonos de fondo, una pareja vestida de blanco, al más puro estilo ibicenco, sosteniendo un par de maderos se marcaron un rítmico solo con la txalaparta. Interminable.

Con las estrellas del show ya en el escenario, escenario con una escenografía muy cuidada con toques tropicales, el espectáculo se lanzó con ‘Follow’ para seguir en un loop de coléricos subidones durante hora y media aproximadamente. Y el Gordo fue tempranero, tercera canción y ‘I Love London’, posiblemente el tema más coreado de la banda. A partir de ahí fueron intercalando temas de su nuevo disco ‘Everything Is My Family’ como ‘Good Girls’, ‘Yellow Sun’ y su primer single ‘All  Night’ con temas que ya estamos hastiados de bailar en festivales como ‘L.A. Calling’, ‘Love Natural’ para cerrar la noche con ‘Plage’.

¿Concierto divertido? Sí, pero con un coste de 35€, algo excesivo teniendo en cuenta que actúan en diversidad de festivales por el mismo precio.

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