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BlurMe aventuro en una nueva vertiente de nuestras crónicas de discos, escuchando y dando mi opinión en directo, conforme lo escucho, sobre el nuevo disco de Blur, “The Magic Whip”, que ha salido hoy mismo en todo el mundo.
Grabado en Hong Kong, es el primer álbum de estudio con la participación de sus cuatro integrantes originales desde que en 1999 lanzaran su “13”

El octavo y esperadísimo disco de los ingleses llega tras la presentación de dos de sus singles (“Go Out” y “There are Too Many of Us”) mediante vídeos en YouTube, y (aforntunadamente) no parece que se hayan desviado demasiado de su caracterísitco estilo. Veamos qué nos aporta el resto del disco en riguroso directo.

“The Magic Whip” abre con el sonido de una calle de una ciudad en “Lonesome Street”. Track totalmente Blur-iana, con una guitarra mínimamente distorsionada, un estribillo con coritos pegadizos y algo que parece una melódica, y bailonga al más puro estilo “Country House”.

Seguimos con “New World Towers”, que choca un poco con el enérgico inicio del disco, al ser algo más pausada. Un track de 4 minutos que, a mi parecer, es más de final de disco que de principio, bastante aburrido y demasiado largo.

Y llega el primer single que salió a la luz, el feedback de un ampli nos llena los oídos de ruido para dar paso a la línea de bajo y los coros de “Go Out”. Blur en estado puro. Los fans sonreímos cada vez que escuchamos esto. Que sí, que no es “Song 2”, ni tampoco “Girls & Boys”, pero seguro que no vas a poder dejar de cantar ese “Ooohh-oh-ohohohohoh-oh”. Lleva más fuzz que la madre que los parió, pero nos encanta. Ruido. Blur.

En “Ice Cream Man”, Albarn saca su lado más Gorillaz con una base electrónica con un sintetizador, al que se le une una guitarra acústica. Tema correcto, sin mucho más a primera vista.
Más bases electrónicas con guitarras acústicas en “I Thought I Was a Spaceman”, creando una atmósfera de la cual Thom Yorke se mostraría orgulloso. Algo aburrida a mi parecer, ¡queremos caña, Damon!

Nos quitamos de cuajo la lentitud de los dos temas anteriores con una divertida “I Broadcast”, que nos hace mover los pies aunque no queramos. La línea de bajo de Alex James nos guía junto a las distorsionadas guitarras de Coxon y Albarn. Algo similar a “Parklife”, de esas canciones que te pondrías para andar por la calle con la felicidad como bandera.

Llega “My Terracotta Heart”. Un trasfondo oscuro y algo “latinizado” gracias al juego de cuerdas que apostilla cada verso, los coros, y la guitarra latina de Graham Coxon. Bastante presente durante el disco el sonido de sirenas de policía y el sonido de calles concurridas.

Es el momento de adentrarnos en el segundo single que salió a la calle, “There Are Too Many of Us”, claramente referenciando a la superpoblada Asia, y que según cuentan fue escrita mientras Damon Albarn contemplaba un atraco con rehenes al mismo tiempo por televisión y por la ventana de su hotel.
Un juego de cuerdas y una base rítmica militar abre este tema claramente Blur. Una voz con reverb nos cuenta cómo viven en Asia, siendo tantísima gente en tanto espacio, “And live in tiny houses, of the same mistakes we make”, dice Albarn.
Un reflejo de la sociedad nipona, descrita con amargura y tristeza, como es el tema, triste, y siempre sin perder el ritmo “militar”.

Llegando a “Ghost Ship” me doy cuenta de que ya llevo 8 temas escuchados, y sólo me faltan 4 más. Eso es lo que puedo contar de “Ghost Ship”. Metronomy podría haberse colgado la autoría de este tema perfectamente.

Y “Pyongyang” no encaja. Un track de casi 6 minutos para dejarnos dormidos acabando el disco… no encaja. Aburrido.

Pero gracias al cielo son Blur, coño, y nos despiertan con la feliz y divertida “Ong Ong”, con unos coros que seguro se cantarán con fuerza este verano en escenarios como el del FIB, que incluye elementos como un pedal-steel camuflado en ciertos momentos, y con la que Albarn aprovecha para decirnos que quiere estar con nosotros, “I want to be with you!” corea en el estribillo. Buena recta final de disco.

Y cierra el disco la western “Mirrorball”, al más puro estilo The Good, The Bad and The Queen, proyecto paralelo de Damon Albarn. Guitarras con reverb y tremolo a más no poder, usando la barra de tremolo de la guitarra en un riff muy reconocible. Un cierre de película del oeste para un retorno de Blur que nos deja con muchas ganas de ver cómo lo defienden en directo.

En resumen, un buen disco al que le “sobran” sólamente un par de temas, si se me permite la opinión.

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