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Podíamos comprobar como la presencia del público, a primera hora de la última jornada del festival, escaseaba. Afectó sobre todo a los ingleses The Raven Age, teloneros de Iron Maiden en su gira, que se encontraban ante el Main Stage más vacío de toda la edición, aun así lo dieron todo en cada tema.

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Thy Art Is Murder llenaron la carpa como era de esperar. Su cantante CJ salió al escenario con un llamativo chubasquero naranja de Jägermeister, por lo que, todas las miradas iban dirigidas hacia él. Nos ofrecieron un contundente deathcore. CJ no dudó en acercarse al público y reventar sus tímpanos.

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Con Bullet For My Valantine sufrimos uno de los momentos de mayor calor de toda la edición (habría agradecido la lluvia del miércoles en ese momento). Sonaron correctos e hicieron un resumen de toda su carrera, a buen gusto de sus fans.

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Tony Foresta y Phillip Hall volvían al Resurrection Fest pero, esta vez, no como Iron Reagan, sino como Municipal Waste.  La banda estadounidense destaca por velocidad y gamberrismo, temas cortos pero directos y sin ningún pelo en la lengua (vamos, crossover de puta madre). Qué mejor que empezar con canciones como “Unleash The Bastards” o “You’re Cut Off” y, poner fin a esta barbarie de circle pits y de gente volando con “Sadistic Magician” y “Born To Party”.
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Por fin, llegaba el momento más esperado de esta edición, la llegada de los ingleses Iron Maiden con una puesta en escena como solo ellos saben hacerlo, (a lo maiden). A parte de los nuevos temas de su último álbum, “The Book Of Souls”, (los cuales me parecieron un poco pesados), no pudieron faltar clasicazos como “Fear Of The Dark”, “The Tropper” o  “Wasted Years” que, hicieron cantar hasta el más pequeño de los espectadores.  Cabe mencionar que Janick Gers, más que tocar la guitarra, se centraba en dar la nota con toda clase de malabarismos con su guitarra, (pero tampoco nos vamos a quejar). Fue imposible no fijarse en Bruce Dickinson y en qué atuendo iba a llevar en la próxima canción. Y, a pesar de no empezar a la hora prevista, disfrutamos de un gran show.

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Después de Iron Maiden llegaron los suecos Emtombed A.D., los cuales demostraron que, aun estando en un escenario más pequeño, esto no les iba a perjudicar para sonar como una de las bandas más grandes. Tuvieron un sonido brutal, de principio a fin, pero lo que sucedió en su parte final fue de otro mundo (nos dejaron con las mandíbulas en el suelo).

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Y, por si no hubiésemos tenido suficientes anécdotas durante estos días, llegaba el noruego Abbath. Su puesta en escena fue acompañada de unos cuantos escupitajos de fuego. Parecía que iba a ser un concierto prometedor, (black metal noruego a lo Immortal). Empezaron con su setlist pero después de varias canciones, al mismísimo Abbath se le cruzó un cable y se fue en medio de la actuación, tirando su guitarra. Hay que destacar que este era su primer concierto en nuestro país. No sabíamos si el concierto iba a seguir. Los miembros de la banda, atónitos, empezaron a abandonar el escenario y, tras unos momentos de silencio y confusión, salió su bajista King Ov Hell a animar el asunto. Poco a poco, la gente se iba animando y Abbath también. Salió nuevamente y se disculpó. Pero aquí no acaba la cosa pues éste no paraba de quejarse del sonido de su guitarra, a pesar de las modificaciones constantes de los técnicos.

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Para cerrar el Chaos Stage, llegaron los también suecos Graveyard con su hardrock/blues setentero tan característico. Con un sonido impecable (el mejor en el chaos en los tres días de festival), tocaron temas como “The Siren”, “Hisingen Blues” o “The Apple & The Tree”. Por momentos creí que escuchaba el disco original en directo, la voz de Joakim Nilsson llegaba a lo más profundo de cada uno de nosotros.

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Un año más, el Resurrection Fest nos ha dejado con la boca abierta, tanto en calidad de bandas, como en organización. A la hora de elegir qué comer dentro del recinto, disponíamos de un gran número de puestos, podías estar un buen rato contemplando lo que ofrecía cada uno. Comida vegana, vegetariana, para celiacos y para los más carnívoros, como no. Eso sí, faltaron nuevamente más baños puesto que, este año se ha visto incrementado el número  de asistentes quedándose, así, cortos una vez más. Esto ocurre al igual con las zonas de descanso, que habían, pero no eran suficientes. Puede, también, que echásemos en falta los espectáculos del año pasado, como los de trial, pero la noria de este año puede que haya compensado esa baja.

En definitiva, estamos ante un festival, el cual en los últimos años está dando pasos de gigante llegando a competir con los mejores festivales europeos.

Para todas las fotos del día visitar Furyo State Photography y si crees que puedes aparecer en alguna foto búscate aquí en el álbum del público.

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