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Paso toda la noche durmiendo poco y pensando mucho. “¿Quién me habrá convencido a mí de que esto de escribir sobre un festival sería fácil?”.

Cuando consigo dormir tengo una pesadilla con un Kaiku gigante que me persigue mientras yo grito por mi vida. Cuando consigo escapar de él aparece el encapuchado y me dice: “Mañana llévate una rebequita porque va a estar fresquito. Como el carrito de cafés”.

Me despierto bañado en sudor y ya es casi mediodía. Esto se me está yendo de las manos.

Como algo y miro la programación del día de hoy y como si alguien me golpease en la cabeza aparezco en el mismo puente que ayer. El reloj marca las casi 5 de la tarde. El calor es el mismo. El encapuchado me espera en el mismo sitio y me dice:

  •  ¿Has soñado con el Kaiku gigante también?

Paso de responderle. Sigo caminando y él acelera el paso. Cuando se pone a mi vera me dice:

  •  Llegas tarde de nuevo.
  • Ya lo sé, joder.

Me llega un whatsapp de mi jefe que me dice en pocas palabras: “Corre que acaba de empezar Zahara. Y yo corro. Llego a primeras filas casi terminando la segunda canción, saco la cámara y hago un par de fotos. Zahara es una apuesta segura: carismática, alegre y muy buena músico. Siempre rodeada de una banda de lujo en la que, a mi parecer, destaca la guitarra de Manuel Cabezalí. Un muy buen concierto de la de Úbeda que nunca decepciona.

ZAHARA
Zahara en el escenario Negrita.

Volando cruzo todo el recinto y veo un poco de Badlands. En este caso no puedo ser muy subjetivo ya que, además de ser grandísimas personas son grandísimos músicos y amigos. No sorprende que lo hagan bien aún incluso en la Isla de Kaiku a la que acude bastante público. Pienso que deberían estar en otro escenario. Pero la vida no es fácil.

BADLANDS
Badlands en el escenario Kaiku.

Del Coolway llegan los primeros acordes y griteríos de la gente. El encapuchado me dice: “¡Corre, que empieza Arizona Baby!”. Le respondo que ya bastante tengo con mi jefe.

Una vez en el foso tengo la sensación de que esta gente, estos barbudos rockeros, son un espectáculo. No sólo hacen música de calidad, sino que saben transmitirla a la gente. Miro hacia atrás y no veo mucho público, pero me importa un pimiento. Vielba suelta un: “la organización del festival quiere que muramos poniéndonos a esta hora, pero el rock nunca morirá”. O algo así. En verdad eso es lo que quiso decir. Y siguen el concierto con la actitud y la experiencia de tener poco que perder y mucho por lo que pelear. Conciertazo.

ARIZONA BABY
Arizona Baby en el escenario mediano.
  •  Vale, ahora llega lo complicado: Miss Caffeína o Holy Paul.
  • Sacaré fotos a Miss Caffeína, pero no pienso quedarme. Los vi en el BBK y ya tuve suficiente.
  • Para cafeína la de los Kaikus, ¿no?.

Ni por cortesía me río esta vez. Saco las fotos de rigor a Miss Caffeína y me cercioro de que es más de lo mismo. Convencido cruzo el recinto, entre la marabunta de gente que me mira como diciendo: “¡Subnormal! ¿Cómo vas a perderte este conciertazo?”. “Y bueno…”, les respondo mentalmente, “es lo que hay”.

MISS CAFFEINA
Miss Caffeína en el escenario principal

Creyendo que hay algo raro dentro de mi cabeza que no me deja disfrutar de las bandas que otros aman llego, de nuevo, al escenario pequeño (voy a dejar de decir Kaiku porque dudo que me paguen). Ahí están los Holy Paul con bastante público. No está mal, hay ambiente. Ellos son muy buenos, pero los noto apagados. Una banda como esta no puede estar tan lejos de la gente ya que se alimentan de su energía. Holy Paul gana en distancias cortas, ¡no podéis hacerles esto señores Lesartitos!. Hector da las gracias, se van del escenario y yo me quedo mirando a la gente para ver qué impresiones tienen en las caras. Están contentos, me vale. Me alegro que, aunque sea en estas condiciones, dos bandas amigas hayan llegado hasta un festival mainstream.

HOLY PAUL
Holy Paul en el escenario Kaiku.

El encapuchado me mira y me dice: “Echo de menos un Standstill aquí”. Y tanto. El festival no está mal, el marco no está mal, el ambiente para nada está mal. Nos están atendiendo bien (a los de prensa al menos) pero a las bandas de este año le falta novedad, les falta chispa. No me sirve de nada escuchar a unos músicos mientras pienso que son una mezcla entre Vetusta Morla y Love of Lesbian. Eso no es buena señal. Llevo un montón de comentarios acumulados de gente diciéndome que una banda es mitad unos mitad otros. Y lo peor es que me lo dicen en plan: “Güay, ¿no?”. NO. Me niego a que eso sea “güay”. Es una mierda.

Full en el escenario Coolway.
Full en el escenario Coolway.

De repente me veo rodeado de gente hasta el punto de que me cuesta caminar. “¿Qué está pasando?”.

  •  Que toca Izal, ¿qué va a pasar sino?- me dice mi sombra encapuchada.
  • Ah, claro.
  • ¿Vamos a verles? Yo tengo hambre- se coge la barriga.
  • Puff…yo también, eh.

Vemos a Izal de lejos mientras nos miramos constantemente y nos preguntamos qué tienen de especial. Pero el montadito de chorizo que me estoy comiendo está muy bueno y pesa más que el desconcierto. La gente está como loca y, en ocasiones, casi se les oye más que a la propia banda. Luego Mikel dice que es el concierto más especial de su vida o algo así y luego hay un espectáculo de fuegos artificiales. Es Izal recordándonos que ¿echamos? de menos las Fallas.

IZAL
Izal en el escenario principal.
  • Bueno, siempre nos quedará Full– dice irónicamente el encapuchado.
  • Eres un cabrón- le digo.

Me pido otro montadito de chorizo e intento no morir de cansancio. Estoy sentado en la zona vip rodeado de gente que se hace selfies y cambia tokens por cerveza.

“Vale, vamos a ver a L.A“. Es la tercera vez que los veo y tengo que reconocer que me gustan. Tampoco hacen nada del otro mundo, pero me dan un cierto bienestar. Los puedo oír y se me hacen cortos sus conciertos. Este no sería menos. Estoy un poco más recuperado después de haber comido, pasándomelo bien con L.A y con unos amigos que me he encontrado. Uno me toca el hombro y le leo los labios. Me dice: “¿mola, no?”. “Si”, le respondo sin emitir sonido.

LA en el escenario Coolway.
LA en el escenario Coolway.

Cuando acaba el concierto le pregunto a Vicent: “¿Y ahora qué?”.

  •  Tio, ahora Hurts

Y condena la frase con un “vas a flipar”. Por experiencia cuando alguien dice esa frase pasa todo lo contrario. Es por eso que al escucharla se me ponen los pelos de punta. El encapuchado me mira con cara de pánico y me grita que necesita un café. Yo sé que el stand ya está cerrado pero así me libro un poco de él.

Me paso los siguiente minutos preparándome para lo peor, pensando en diferentes formas de suicidarme o, para ser más eficaz, reventarme los tímpanos con un destornillador.

Hurts salen al escenario y me pegan en toda la cara mientras me dicen: “¡esto te pasa por subnormal!”. ¡Qué maravilla, por favor! Musicalmente a otro nivel, Theo se entrega al público y juega con él. No, no, rectifico: hace lo que quiere con él. La soltura con la que se mueve por el escenario me hace acordar a Dave Gahan. Cuando por fin puedo despegar los ojos de él me fijo en la banda, en el piano de cola de Adam y en las dos maravillosa coristas que cubren su retaguardia. ¿He dicho ya lo brutal que suena? Miro a Vicent y se ríe. Seguramente está viendo que estoy alucinando mientras me suelta un “¿qué te dije?”.

HURTS
HURTS en el escenario Negrita.

Ahora, se preguntarán los que lean mi crónica: “¿Había gente viendo a Hurts?”.

¿Hace falta que responda?

  •  Respóndeles, ¡joder!- me grita el encapuchado.

Está enfadado porque no hay Kaikus. Yo me enfado porque hay poca gente viendo a Hurts. Ahora pienso en escribir una parrafada sobre la injusticia, los grupos de moda y los festivales que se ciñen solamente a una demanda fácil y cómoda.

Pero no, no tiene sentido. O igual si, pero estoy cansado ya y me quiero ir.

  • Cobarde- me dice el encapuchado.
  • Gracias, colega, siempre con una palabra amable en la boca.
  • Oye, me voy, que he conocido a un barbudo que, al menos, es más hater que tú.
  • Genial- le digo.

Fotos por Dupláa Fotografía.

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