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Es un martes a las 11:30hs de la mañana. Acabo de llegar de Barcelona en bus después de 5 horas y media de viaje. Tuve la suerte de compartir trayecto con un valenciano cuyo mono no cabía en el autobus. Creo recordar que entre los silencios de su monólogo interminable aproveché para dormir. Por ende lo hice durante varios cachitos maravillosos que en total formaron una media hora entera.

Llego al edificio, subo al ascensor y veo mi cara en el espejo. Estoy enfermo o algo seguro. Entro en la redacción gramolera a oscuras y levanto una persiana para que entre un poco de luz. Al final de la larga mesa de reuniones me espera el Señor Gramolo sentado en su sillón de cuero. Me mira fijo y serio, mientras el sol que entra en picado por la ventana acentúa en sombras las cuencas de sus ojos.

  • ¡Joder! Qué susto, jefe. Sólo te falta acariciar a un gato para terminar de dar todo el mal rollo.

Se ríe como un malo de película. Acto seguido vuelve a ponerse serio. Me mira y me dice:

  • ¿Las vacaciones bien, no?
  • ¿Vacaciones? ¡Vengo del Cruïlla! Fui con Victor a cubrirlo.
  • ¿Y dónde está Victor?- me dice, dudando.
  • ¡Yo qué sé! Estará al llegar. La verdad es que no tuvimos un muy buen viaj…
  • Ya, ya, basta de excusas y a trabajar.

Se levanta y se va por la puerta. Incluso cuando está cruzando el pasillo de fuera me sigue mirando. Precisamente Google no somos en cuanto a buen rollo, pero seguramente ellos no dicen la cantidad de trabajadores que mueren en sus toboganes.

  • ¡Qué manera de enrrollarte! Llevas un buen rato escribiendo y no has dicho nada del festival. ¡La gente quiere leer sobre el festival!-

No me había dado cuenta que Victor había llegado y se había sentado delante de mí. Tiene la misma cara de reventado que yo. Trae un termo el cual tiene (o eso ansío) café. Victor se da cuenta de que lo miro con demasiado entusiasmo y dice que se lo ha preparado el jefe y luego cierra la frase con un: “¿no es un sol?”.

  • Si, si. Un capullito de alelí.

Bueno, va, a trabajar.

Llegamos al recinto del Cruïlla 2016 muertos de calor y con ganas locas de beber lo que sea que esté frío y sea líquido. Pulseras, registros de mochilas, típica gente haciéndose selfies en el típico monumento de bienvenida de todo festival. Mis ojos hacen un barrido mecánico de todo el lugar y atisbo, a lo lejos, el contenedor acristalado que será nuestra sala de prensa y nuestro oasis de frescor acondicionado cuando nuestra muerte por insolación estuvo próxima. Miramos los horarios y vemos que Pribiz acaba de empezar.

  • Victor, ¿quiénes son Pribiz?-

Me mira con asco por no haberme preparado todo esto un poquito más. No le juzgo, tiene razón. Vamos a ver a la banda catalana al escenario Radio 3, el cual es el más pequeño del lugar. Pero no está nada mal. Ahí están tocando Pribiz, con la alegría y la emoción patente por formar parte de un festival. Hay bastante gente para ser el primer concierto de la tarde. Ellos lo hacen bien, aunque quizás pequen de parecido con los Mumford and Sons (como en un momento diría su cantante, el cual se declara fan de la banda inglesa). Hay calidad a pesar del parentezco. Igual, ya esto a título personal, si buscaran un sonido más individual y propio ganarían en profundidad y emoción.

Pribiz /// Fotografía: VikPamNox
Pribiz /// Fotografía: VikPamNox

Empieza Esperanza Spalding y voy a verla al recordar las amenazas de muerte de un par de amigos si me atrevía a perdérmelo. Así que ahí estoy, viendo la mezcla perfecta de teatralidad (intento evitar la palabra performance debido a lo mancillada que está por el mundillo del arte) y el mejor jazz moderno. La estadounidense se mueve por el escenario con la elegancia de un felino y hace aspavientos espasmódicos con un descaro sinigual. Está arropada por un batería encerrado en una mampara de metacrilato, de un guitarrista, de tres coristas y algunos objetos de utilería. Pero ella es el plato fuerte: su dominio de la voz y del bajo son impresionantes.

Esperanza Spalding /// Fotografía: VikPamNox
Esperanza Spalding /// Fotografía: VikPamNox

No me doy cuenta del tiempo que llevo mirando a Esperanza Spalding ni del charco de sudor del que estoy rodeado. Victor me golpea el brazo y me dice: “¡Está empezando Cat Power!”. Parpadeo y estoy en el escenario Stubhub.

  • Esta mujer nunca falla, es una apuesta segurísima de calidad- me dice Victor, mientras hace un gesto con la mano que se traduce en “telita”.

Pues si, “telita”. Un muy buen concierto de la yanqui. ¿Habrá nuevo disco a la vista?

La cuestión es que Cat Power, con su folk intimista, es el aperitivo perfecto (sin desmerecer, es una cuestión de orden nomás) al concierto que iba a empezar en unos minutos en el escenario Estrella Damm, el principal. Ahí nos espera Damien Rice, el cual sale sólo al escenario con su guitarra rota, su loopstation, su micro/radio y una buena dosis de sus hits. Así fueron transcurriendo “9 Crimes” y “Volcano” y “Delicate” en un concierto que se me hizo pesado.

  • Y lo dice el fan, eh – me comenta Victor.
  • Si, tio, es lo que hay-

    Cat Power /// Fotografía: VikPamNox
    Cat Power /// Fotografía: VikPamNox
Damien Rice /// Fotografía: VikPamNox
Damien Rice /// Fotografía: VikPamNox

Acaba el concierto y nos vamos a cenar. Despierto en una bañera sumergido en agua con hielos, una cicatriz en el costado y un platito de arroz “tailandés” en la mano. No sé cómo ha pasado esto, sólo recuerdo preguntar precios y luego un fundido a negro. Me como el arroz porque es un detalle que me lo hayan dado para la rehabilitación de mi organismo. Victor está a mi lado con cara de estar muriéndose. Le pregunto qué le pasa y levanta la cabeza para mirar al sol con cara de “mátame ya, cabrón”. Al rato me dice que me perdí los conciertos de Chambao y de Bunbury.

  • ¿Y qué tal estuvieron?-
  • Puff… En el de Ramón Mirabet había mucha gente y muy loca cantando sus canciones.

No quise insistir en Chambao y Bunbury y me alegré por el catalán el cual, poco a poco, va recibiendo el reconocimiento que por trayectoria y calidad merece.

Chambao /// Fotografía: VikPamNox
Chambao /// Fotografía: VikPamNox
Bunbury /// Fotografía: VikPamNox
Bunbury /// Fotografía: VikPamNox
  • Vale, aquí viene el dilema del día: ¿Crystal Fighters o Seeed?-
  • Seeed.-
  • ¿Seguro?-
  • Si.-
  • Puf, menos mal.-

Y menos mal porque el concierto de los alemanes fue y será lo que sería el mejor de todo el festival. El despilfarro de calidad y energía no cabe en todo el recinto. Tal fue la fiesta que tocaron un tema más después de acabar con los bises. No me hace falta decir nada más.

Victor me mira y yo lo miro y sé que los dos estamos pensando que lo que acabamos de ver es lo mejor que hemos visto en mucho tiempo. Después de esto, ¿con qué oídos y ojos vamos a ver a los maltratados Vetusta Morla? Como zombies sin fuerzas, drenados por más de una docena de germanos y cuatro negros tocando el tambor con una coordinación alienígena, nos arrastramos hacia el Stubhub a ver a los madrileños. Escucho a Pucho quejarse de las quejas sobre los volúmenes. Y tiene razón en decir que cada vez están más capados en decibelios. Miro a mi alrededor y estamos donde estamos: sin apenas edificios residenciales a los que molestar.

  • Victor, yo me quiero ir ya.
  • Yo también.

    Seeed /// Fotografía: VikPamNox
    Seeed /// Fotografía: VikPamNox

Levanto la vista de la hoja en la que estoy escribiendo todo esto y veo al Señor Gramolo mirándome. Se hace un silencio que parece lo más parecido al infinito que conozco. Me dice:

  • Cuidado con lo que escribes que los del Les Arts están contentitos contigo.-
  • No, no, tranquilo, jefe. Este me ha gustado.-

“Ya…” dice mientras se va. Le grito que en serio me ha gustado. Veo a Victor por la ventana charlando con él y riéndose. Me quedo sólo con un par de páginas que pretenden ser un resumen de un día de festival pero que no llegan a la mínima profesionalidad.

Me pongo el último disco de Damien Rice y me quedo dormido llorando.

2 COMENTARIOS

  1. […] Llego a la sala de juntas y veo, a través del cristal que nos separa, el ambiente desolador que reflejan las caras de mis compañeros de trabajo. Están todos sentados en una punta de la mesa. ¿Y en la otra? El Señor Gramolo, el jefe, esa persona que nos valora tanto. […]

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