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Para esta primera review, he decidido salir de mi zona de confort y hacerla de un estilo y un grupo que apenas he escuchado, el thrash metal, concretamente de Testament, y su último disco, “Brotherhood of the Snake”. Muchos diréis que para hacer una crítica de un grupo de thrash podría haber elegido el último de Metallica, pero bueno, era demasiado típico.

En primer lugar decir que solo he escuchado cosas buenas de este disco, mire donde mire, así que me he decidido a comprobarlo por mí mismo. En general, el disco me ha gustado mucho más de lo que me pensaba. Un disco que no tiene ninguna canción de relleno, solo un par de canciones más flojillas, pero repito, porque el disco en sí es bastante bueno. Para ser el primer disco de Testament que escucho completo, me he llevado una muy buena impresión de ellos. Y ahora vamos al meollo:

El disco ha sido grabado por sus ya miembros de larga duración Chuck Billy, más en forma que nunca, y la pareja formada por Alex Skolnick y Eric Peterson. Además, para este trabajo han contado con la ayuda de Steve DiGiorgio (Death), que ya les había ayudado en anteriores trabajos, y Gene Hoglan (Dark Angel, Death), también visto en el “Demonic”.

La formación abre el álbum con su canción homónima, “Brotherhood of the Snake”, y ya en la misma intro dejan claro que van a meter caña desde el principio. En ella también nos damos cuenta de lo bien conservada que está la voz de Billy con respecto a sus compañeros de género. Hacia el puente, Steve Di Giorgio deja muy claro que su trabajo en este disco no va a ser el de un simple acompañante con unas impecables líneas de bajo. Por último destacar de esta canción las guitarras armonizadas que seguro serán coreadas en los conciertos de la banda.

Con “The Pale King”, nos encontramos con una canción muy destacable en lo que a riffs se refiere, con unas estrofas y un estribillo muy bien construidos. Aquí es también donde se empieza a notar la influencia de Hoglan, con unos muy buenos fills de batería, golpeando los platos como si le fuese la vida en ello, y acabando la canción con un doble pedal que no deja a nadie indiferente.

En cuanto a “Stronghold”, la tercera canción del disco, tenemos una canción muy machacona, en el buen sentido de la palabra, que desde el primer momento pide a gritos Circle Pits, y que cuenta con una dura crítica a la política actual. Además, es la primera canción del disco en la que Skolnick muestra su verdadero potencial en un solo increíble.

El título de la cuarta canción, “Seven Seals”, ya nos prepara para la que se viene encima, el infierno en forma de un riff inicial muy conseguido, y unas armonías a lo largo de la canción que te pondrán los pelos de punta. Además, el estribillo, aunque de dos líneas, es tan pegadizo que estoy seguro de que también será coreado en salas y estadios. Otra cosa a destacar es el acompañamiento del solo, de la mano de nuestro querido Peterson. Solo que, por cierto, me recuerda a esas guitarras “lejanas” por decirlo de alguna manera de Slayer, y que va unido a un ritmo de batería bestial justo después. Al final de la canción nos encontramos con un riff que llevará tu cabeza al suelo en cuestión de segundos.

Si de algo estoy seguro con este álbum, es de que la quinta canción, “Born in a Rut” no pasará a la historia como una de las mejores canciones de Testament, y para mí es la peor del disco, lo que no quiere decir que sea mala. Desde el principio nos encontramos con un ritmo más lento, que ayuda a crear una atmósfera más siniestra. Veo además ciertos momentos en los que parece que Billy quiere hacer su propio homenaje a Lemmy con la voz, pero es apenas imperceptible.

Empezamos “Centuries of Suffering” con un brutal solo de batería, y justo después otro riff que nos pide de nuevo empezar a formar los Circle Pits tan característicos de este estilo. Esta canción nos demuestra de nuevo el buen estado de la voz de Billy, con unos guturales muy marcados. Hacia la mitad de la canción nos encontramos con unos trémolos dignos de un grupo de Black Metal, que te preparan para lo que viene, o más bien para lo que no viene, porque la canción acaba dejándote con ganas de más guerra.

Entramos en la segunda mitad del disco con “Black Jack”, por supuesto sin bajar el ritmo. De esta canción, aunque flojea, destacaría un solo de guitarra con Wah-Wah del que el mismo Kirk Hamett estaría orgulloso, y las continuas guitarras armonizadas.

Aquí llegamos a la que ha sido de mis canciones favoritas de todo el disco, “Neptune’s Spear”, con unos primeros compases muy Black-ish y una batería muy machacona, que crean un sonido muy oscuro. Sonido que por cierto contrasta con el que para mi opinión es el mejor solo del disco, un solo muy “alegre” y, aunque pueda parecer raro, con tintes de música clásica.

En la penúltima canción, “Canna-Business” los chicos, o no tan chicos, de Testament nos dejan clara su postura en cuanto al Cannabis, haciendo apología de su uso. Es sin duda una canción que no resulta muy llamativa, pero es quizás por estar al final del disco. Sin embargo, también hay que decir que aquí el dúo Petersen-Skolnick hace un gran trabajo con un acompañamiento que enlaza con el solo de manera perfecta.

Para nuestra desgracia, o alivio, según el caso, el álbum toca a su fin con “The Number Game”, en la que la banda saca a relucir todo su arsenal, creando así un temazo en toda regla, y en la que todo encaja perfectamente, como una maquinaria bien engrasada. Por último, Skolnick y Petersen nos muestran todas sus cartas en unos solos dignos de mención. Diría que junto a “Neptune’s Spear”, es mi otra canción favorita del álbum.

Y con esto llega a su fin mi primera review, espero que os haya gustado, y no dudéis en dejar vuestra opinión. Un saludo a todos y nos vemos en la próxima.

Texto por: Ángel Martínez

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